En: "Repertorio Americano". 39
(7): 97,98,11 de Abril de 1942.
Joaquín García Monge. (1881-1958)
nació en Desamparados (Costa Rica).
Obtuvo él título de
Profesor de Castellano en el
Instituto Pedagógico de Chile, en
1903. De regreso a Costa Rica se
desempeño como profesor; en 1920
ingresó a la Biblioteca Nacional
como director. A lo largo de
sus años hizo una enorme
contribución a la cultura
continental y universal publicando
varias
colecciones de autores clásicos y
modernos, entre los que destacan:
Colección Ariel, Ediciones
Sarmiento, El Convivio, Autores
Costarricenses, Autores
Centroamericanos y su obra magna
"Repertorio Americano"
(1919-1958). El Premio Nacional de
Periodismo cultural lleva su nombre.
Declarado Benemérito de la
Patria.
Como viador de libertad, José
Martí estuvo dos veces en Costa
Rica: en 1893, una semana del
mes de julio en esta ciudad de
San José, y, más tarde, del 11 al 18
de junio de 1894, en el
puerto de Puntarenas. De esto
habla en José Martí en Costa Rica
(1933) . La causa de la
libertad de Cuba fue popular
entre los costarricenses despiertos
de aquellos años. En Costa Rica
vivió Antonio Maceo una
temporada, con otros cubanos
conocidos. En busca de ellos, a
coordinar esfuerzos,
precisamente, vino Martí. Los
"hombres cordiales" de entonces,
letrados y
periodistas casi todos, lo
recibieron con entusiasmo. Una noche
dio en la Escuela de Derecho
una conferencia; el Colegio de
Abogados y los estudiantes le
formaron un auditorio selecto. A la
sala de la reunión entró del
brazo de nuestro gran don Mauro
Fernández. Se conserva en uno de
los periódicos de la época una
crónica de tal suceso; la suscribe
el poeta Emilio Pacheco. Martí
esa noche dejó huella imborrable
en el alma de los jóvenes.
De su paso por Costa Rica, que yo
sepa, quedan en espíritu una carta
(julio 8) a Pío Viquez, su
amigo y director de "El Heraldo
de Costa Rica", y unos renglones de
aprecio por esta patria, al
principio del artículo "Antonio
Maceo" (ver el Vol. VI de las Obras
de Martí compiladas por
Gonzalo de Quesada). Por cierto
que releo la carta a Pío Viquez en
estos días trémulos de 1942
y la halló, como numerosas
páginas suyas, tan previsora. Habla
del "tierno agradecimiento con
que recordare siempre la bondad
con que Costa Rica ha premiado en
mí, viajero humilde y
silencioso, el amor y vigilancia
con que los americanos, unos en el
origen, en la esperanza y en
el peligro, hemos de mantener a
esta América nuestra, sorprendida en
su cruenta gestación, en
los instantes en que por sus
propias puertas muda de lugar el
mundo..." Y añade: "...no será
Costa Rica, entre las naciones de
América, la que llegue tarde a la
cita de los mundos, harto
próxima para no disponerse a
ella, sin el desenvolvimiento y
persona nacional indispensable
para medirse en salvo con el
progreso invasor. Ya han caído los
muros y el hombre ha echado a
andar. Quién no se junte a la
cohorte le servirá de alfombra".
Y en las casas de sus amigos
costarricenses ("hombres plenos y
buenos de América", los llama),
se anduvo fijando si había
libros. Ese cuidado tuvo Martí,
lector asiduo: buscar libros,
enterarse
si los había buenos, por ejemplo,
en los caminos de las ciudades por
donde andaba, si las
gentes los leían. Por eso tuvo
razón Gabriela Mistral cuando en
1931, de paso por acá, les pidió
a los maestros de mi tierra
nativa, Desamparados, que a la
Biblioteca de la Escuela que lleva
mi
nombre le pusieran el de José
Martí. Y así se ha hecho. Otras
salas de lectura con los años, en
Costa Rica y en América, han de
llamarse José Martí. Compruebo lo
antedicho con estos
renglones del artículo "Antonio
Maceo": "De tomos de París y de lo
vivo americano está llena,
allá al patio, entre una fuente y
una rosa, la librería del hijo
joven". Seamos fieles al testimonio
de
Martí y no les tengamos miedo a
las ideas cuando dijo recordándonos:
“Y si hay justa de ideas
en un salón glorioso, apriétanse
a la entrada, para saber primero,
magistrados y presidentes,
sastres y escolares, soldados y
labrador". Como que en estos años
últimos, en eso de temerles
a las ideas, de rehuirlas, nos
hemos encogido bastante.
De Costa Rica escribió primores:
"De las gracias del mundo, Costa
Rica es una". "La cáscara
aún la oprime, pero ya aquello es
república."
Contemos ahora de que modo hemos
correspondido al cariño y aprecio en
que nos tuvo José
Martí.
Me he referido ya a un folleto de
Jinesta. Señalemos también otro
folleto: Víctor Manuel Cañas:
Martí o de la Patria, en que se
habla con acierto y donaire de su
vida y obra. Se publicó en junio
de 1935 como uno de los cuadernos
de " La Escuela costarricense", lo
que hace pensar que
círculo satisfactoriamente entre
los maestros y que han debido leerlo
con cuidado y provecho.
En 1914, edité, en la Colección
Ariel, con el título de Versos, una
selección del Ismaelillo, de los
Versos sencillos y Versos libres,
cogidos de los Vols. XI y XII de las
Obras de Martí servicio de
Gonzalo de Quesada. A esta
selección, nuestro R Brenes Mesén le
puso un prologo memorable.
En 1917 dí sobre Martí algunas
conferencias en el Ateneo de Costa
Rica, ante un selecto
auditorio. A ellas asistió - lo
recuerdo emocionado - el prócer don
Cleto González Viquez.
Impresionaron bien. En escuelas y
colegios hace años que me vivo
poniendo el ejemplo de José
Martí en su vida y en su obra.
Para mucha gente nueva
costarricense, Martí ya es familiar.
Pude
apreciarlo una de estas noches;
en un centro libre de estudios se me
pidió que algo les contara
del otro gran antillano: Hostos.
Revisaba el diario, las cartas, las
ideas de Hostos y alguna de las
alumnas, con sus preguntas,
obligaba a hallar ciertos parecidos
entre la vida y el pensamiento de
ambos libertadores.
Por medio del Dr. Regino E. Boti
y de mi amigo y colaborador Félix
Lisazo, obtuve en 1921 del
bienamado Dr. Gonzalo Aróstegui
un ejemplar de La Edad de Oro (Roma,
1905, edición de
Gonzalo de Quesada) que
perteneció a su tía la noble poetisa
cubana Aurelia Castillo de
González. El Dr. Aróstegui fue
tan generoso y patriota que se
desprendió de su querido ejemplar.
Lo aproveché para la edición
costarricense de 1921, en dos
tomitos y con dos ilustraciones. Fue
una novedad y un acierto
editorial para los americanos del
sur amigos de los niños y
admiradores de Martí. La edición
se agoto pronto. Todavía la buscan.
También con el nombre de La Edad
de Oro - bajo la influencia
martiana, por supuesto -, saque
de 1925 a 1930 seis libritos de
160 páginas cada uno, con lecturas
para niños. Ha sido la única
de mis publicaciones que ha
hallado casa editorial, la poderosa
librería Lehmann, y por falta de
apoyo en las escuelas y colegios
oficiales, no siguió la empresa.
Digamos también que la presencia
de José Martí en el "Repertorio
Americano" ha sido de la
mayor importancia. No hay volumen
- y ya son XXXVIII los publicados -
en que de él no se hable.
Es mucha la devoción que le
profeso a José Martí en el caso
ejemplar y saludable de su vida y
de sus obras. He anhelado que
América, la suya, arrime el oído al
corazón de Martí y coja su voz
monitora. Martí, con Sarmiento,
Bolívar, Hostos, es uno de los seis
o siete profetas y
conductores de la América
hispana.
Seguirlos, entenderlos (que es
comprenderlos) es cuestión de tiempo
y de cultura mayor. Es su
deber, si quiere crecer.
Un dato más: En nuestra
Biblioteca Nacional están las obras
de José Martí, según Gonzalo de
Quesada. Entraron como regalo de
una de las hijas del Lic. don Pedro
Pérez Zeledón, finado
ilustre.
Y concluyó: algunos jóvenes
preocupados abrirán este año en
Puntarenas un colegio que en ese
puerto hace falta. Han convenido
en que se llame Liceo José Martí,
que ha de ser, así lo espero,
seminario, plantel y casa de
juntarse y de quererse para los
estudiantes de Puntarenas. ¡Todo un
símbolo y una esperanza!: Un
Liceo José Martí mirando hacia el
Océano Pacífico, el espacio
abierto - en la previsión de
Hostos - a la posible cultura
Américo-hispana que estamos
obligados
a crear.
José Martí en Costa Rica
Carlos Jinesta
Fue escrito por encargo de
Joaquín García Monge; contiene un
prologo de Alejandro Alvarado
Quirós (miembro de la Academia
Costarricense, correspondiente de la
Española) su edición
estuvo a cargo de la Librería
Alsina, 1933, San José.
Carlos Jinesta (1900-1989). Nace
en Alajuela su obra más
significativa está relacionada con
la
biografía: El gran reformador,
Mauro Fernández (1921); Omar Dengo
(1928); Juan Rafael Mora
(1920); Elogio: Claudio González
Rucavado (1930), Epinicio: Juan
Santamaría (1930) y
Evocación de Hidalgo (México en
1951) entre su vasta obra. Abelardo
Bonilla considera que
estas biografías son ensayos de
elevada formalidad lírica y de
generoso espíritu, recargados de
metáforas a veces ingenuas, que
sirven al autor de apoyo y fijación
de la idea, lo mismo en el
detalle que en el conjunto.
José Martí visitó a Costa Rica
dos veces; en julio de 1893 y en
junio de 1894. Andaba en la forja
de un levantamiento en armas,
para brindarle a Cuba vida y gloria
libres. Nada de equívocos en
su demanda. La Isla no sufriría
más servidumbre ni vejación. Quedaba
un temblor épico tras el.
Aquí trabó amistad con ciudadanos
de valimiento; les cobro afecto,
nunca aminorado. Nuestro
país le fue hospitalario y
acogedor. Aquellos tiempos y
aquellos costarricenses, vitalizados
por
un ideal aleccionador, fueron
para Martí cálida simpatía: regazo y
palma. Traía a los suyos
firmeza de independencia. A
todos, como sustancia de su
evangelio: amor. Ante la eternidad
de
tinieblas en que se abismaba su
patria, Martí encendía la antorcha.
Fuego prometeico. Una
iluminación, en potencia, del
Universo y de las conciencias. En
los pechos amigos había latidos
patrióticos. De la tierra saltaba
la espiga para el sustento; también
el acero para romper yugos y
abatir ignominias. En
determinadas fechas, hay designios
cósmicos que se funden e
individualizan en una Vida. Martí
espiritualizaba cercanas
vehemencias, y su crucifixión era
axiomática. Espejo de magos de
Thesalia quizás le había revelado su
destino. De su heroicidad
y de su santidad, dejo
resonancias. Es incuestionable que
América ha sido rica en serpientes y
en verdugos. Pero no es menos
cierto que las primeras van
desapareciendo conforme se talan
selvas y se queman malezas; los
segundos, al resurgimiento de la
juventud que canta y que
castiga.
José Martí, de lo más limpio del
Continente, de lo más gallardo de la
raza, en ejercicios del
trabajo, del patriotismo, de la
libertad y de la estirpe del
corazón-, debe ser guía de pueblos,
en
el decoro de nuestras republicas.
Y Costa Rica, que no tiene diamantes
con que constelar el
pecho del Apóstol, le otorga el
gran premio, incoercible, de los
pobres: su ternura.
En 1892 entraron en las pampas
guanacastecas el general Antonio
Maceo y otros legionarios
cubanos, que venían de Nicaragua:
sus hermanos Tomás, José y Elizardo,
Flor Cronbert, Juan
Rojas, Arcilio Guía y Pedro Pie.
Nuestro Gobernante en tal época,
José Joaquín Rodríguez dio a
los emigrados muy franca ayuda,
para que se fundara una colonia
agrícola, propulsada por
Maceo. Mas tarde se llamó La
Mansión. Este es un distrito cálido,
de todo en todo hermoso, de
Nicoya de Guanacaste, situado al
sur de la cabecera de la provincia
en un valle formado por los
cerros de Las Huacas, La Balsa,
Los Leones y Jesús. Lo riega el rió
Morote. El contrato No. VIII
de 133 de mayo de 1891 sobre
fundación de una colonia en el
cantón de Nicoya, entre Joaquín
Lizano, secretario de Estado en
el despacho de Fomento y Antonio
Maceo y Grajales, fue
aprobado por el Congreso en
Decreto No. LXXIV de 21 de diciembre
de 1891, con las
publicaciones hechas por el Poder
Legislativo. Extraemos: Maceo se
comprometía a traer al país
cien familias cubanas
agricultoras para que se
establecieran en terrenos
denunciables de
Nicoya, y se dedicaran al cultivo
del tabaco, caña de azúcar, cacao,
algodón y café, sin perjuicio
de fomentar cualesquiera otras
industrias. Los colonos, excepto
uno, que en cada familia podía
ser mayor de cincuenta años,
deberían ser menores de edad,
varones la mitad de la colonia y de
raza blanca o mestiza en la
proporción de setenta y cinco por
ciento la primera y veinticinco por
ciento la otra. Maceo se obligaba
a desmontar y quemar no menos de
doscientas ni más de
cuatrocientas hectáreas de las
diez mil que se determinaban;
también a construir habitaciones a
los arrendatarios y dos edificios
adecuados para el depósito y
elaboración de tabaco, para
talleres de herrería, de
carpintería y depósitos de
instrumentos. Además, enseñaría a
los
costarricenses que quisieran, el
cultivo y beneficio de tabaco y
algodón. El gobierno daba a cada
familia los gastos de pasaje,
traslado y manutención desde Cuba a
Nicoya; concedía a Maceo,
de veinticinco a cincuenta pesos,
a juicio del Ejecutivo, por hectárea
de terreno que preparase en
condiciones de labrar;
trescientos pesos por todo
alojamiento que construyera a los
ocupantes;
la suma que fijasen peritos
nombrados por las partes, por los
edificios que enumeraba la
cláusula cuarta; cinco yuntas de
bueyes; dos mil pesos destinados a
compra y transporte de
semillas, las que deberían
distribuirse entre los hogares en
posesión de la tierra; un empréstito
de diez mil pesos que le serían
entregados por partidas de noventa,
pagaderas al
establecimiento de cada familia.
El Estado cedía a la colonia:
exención, por el período de cuatro
años, de impuestos de importación
por mercaderías que se introdujeran
en provecho de ella;
cada familia recibiría al
instalarse en Nicoya, una superficie
de dos a cuatro hectáreas de terreno
limpio, una vaca de leche, un
caballo, utensilios de cocina, tres
azadas pequeñas y tres grandes,
igual número de cuchillos y de
machetes, un pico, un rastrillo, un
albarda y tres hachas; quince
pesos reembolsables durante el
tiempo del contrato, por hectárea
que se desbrozara, hasta
completar una porción equivalente
a la que hubiese percibido; derecho
de explotar, libre de
tributos, hule, zarza y maderas
en el perímetro señalado. A los
colonos que se afincaran, en los
primeros treinta meses de su
residencia el gobierno suministraría
alimentos y vestidos. Esta
obligación no excedería de veinte
pesos mensuales por cada persona
mayor de veinte años,
quince por cada una menor de esa
edad y mayor de diez, y diez pesos
por los menores de diez y
mayores de tres. Otorgaba la
propiedad a cada jefe de familia por
la tierra que este sembrara de
tabaco, caña de azúcar, cacao,
algodón y café, siempre que no
pasara de cien hectáreas por
familia. En la cláusula IV del
Contrato el gobierno pondría en uso
común de la colonia cinco
yuntas de bueyes aperadas y dos
carretas; serian aumentadas a ciento
las primeras y a
veinticinco las últimas. Cuatro
arados de surco grande, ocho de
surco pequeño, un trapiche de
hierro, veinte escopetas con
provisión de pólvora, tubos y
pianos, ocho barrenos, media docena
de barras de acero, cinco redes
de pesca, dos botes, dos canoas, una
lancha de carga, una
maquina de aserrar madera,
surtido completo de herramientas de
carpintería y fragua con útiles.
Fuera de la yunta de bueyes, las
demás cosas continuarán
perteneciendo al Estado. Los
auxilios
para alimentos y vestidos de los
pobladores, el valor de la vaca, el
del caballo y el de los bueyes,
eran hechos en calidad de
adelantos y deberían ser
restituidos. Con este objeto tenían
los
habitantes que entregar el tabaco
que obtuvieran de sus primeras
cosechas hasta saldar la
cuenta. El cómputo del precio
haríase convencionalmente y el
gobierno pagaría, como máximo,
un peso por kilo. En la cláusula
IX, dentro de la zona marcada a la
colonia, se reservaría el
Estado un lote de mil quinientos
metros por cada lado, en el punto
que se designara, para el
levantamiento de una población.
Asimismo, el Ejecutivo edificaría,
cuando lo exigiesen las
necesidades del poblado, una
escuela primaria de ambos sexos.
En la cláusula XI el gobierno
tendrían privilegio sobre todas la
parcelas para el pago de dineros
que los adjudicatarios le
adeudaran. En la XII las concesiones
del contrato subsistirían
solamente por el termino de
cuatro años, contados desde su
probación por el poder legislativo.
El 7 de enero de 1892, fue
firmado el convenio No. XIX de
aceptación por el concesionario.
El sucesor de Rodríguez, Rafael
Iglesias Castro, de preclaros
talentos, estimuló a los colonos.
Ambiente y aliento al cubano. Se
instaló un ingenio. Producíase
azúcar en grande escala, Se
levantaron comisariatos adaptados
al clima. Meses después ingresaron
en Nicoya Tomas
Carrillo, Manuel Amaya, Federico
Montero, Ángel Noguera y los
hermanos Santiesteban. En este
grupo sobresalía doña María
Cabrales, mujer de A. Maceo, que
asociaba, a las virtudes
hogareñas, cuán de veras!, brío
patriótico. María -manifestaba Martí
a Maceo - es la más
prudente y celosa guardiana que
pudo dar a Ud. su buena fortuna.
Indiquemos de paso. Esta
matrona, residiendo en Costa Rica
en enero de 1897, recibió una
esquela del general Máximo
Gómez: le informaba que Antonio
Maceo había muerto en Punta Brava el
7 de diciembre de
1896, en un encuentro con la
columna del comandante Francisco
Cirujeda.
Luego concurrieron más insulares.
Moreno, Suárez, Pretel, Milanés,
Batista, Quesada, Abadía:
otros campeones. La colmena se
acrecentaba a ojos vista; pero no
había zánganos. Todos
tenaces, todos laboriosos en la
empresa de cultivar la tierra,
ocupados en encender los hornos,
para convertir la cana en azúcar
que rutila y en licor transparente,
sus fatigas y afanes.
Conquistaba pujanza la región. La
naturaleza presentaba su abundancia
y lozanía. En convivio
constructivo aquellos soldados
veían desfilar los días, en regazo
campero. Por las noches, en
ratos de esparcimiento, se
dedicaban a tocar la guitarra, a
jugar al tresillo y a tirar al
sable.
Asistían a la lidia de novillos;
al rodeo; o al herradero: en
corrales eran enlazados y derribados
los becerros, aplicándoles de
seguida el hierro candente, con la
marca del propietario. Algunas
mañanas, la montería. Penetraban
en el llano, guiados por mastines.
En ramas cabriolaban
monos vocingleros. Guacamayos y
chorchas refugiábanse en lo alto de
cedros. Andar, andar. Al
cabo, ladridos de la jauría.
Silbidos, voces, carreras, tiros.
¡Tiros certeros! Y regresaban los
cazadores, a la espalda un venado
o con la cabeza de un tigre que
horrorizaba a la vacada. Es
probable que, alegres cuál viento
entre palmas, bailasen el "punto"
con muchachuelas de camisa
de gola y vistoso pañuelo, y que
echasen coplas brillantes, aunque
punzadoras como las púas
de sus espuelas:
Yo prefiero los cartagos
porque son gentes aseadas,
paran y pintan ligero
y se alzan con las casadas .
Cantaban, y su canto era la
expresión de su sueno. Recitaban, y
su poema, desbridado y
ardoroso, lleno estaba de
bizarras cyranadas. En el
entretanto, el ministro de España en
Costa
Rica, García Ontiveros, tenía en
atisbo a los cubanos reconcentrados
en La Mansión, temeroso
de una arremetida corajuda de los
rebeldes.
Los domingos, al amanecer, se
dirigían a la villa de Nicoya, -Neco
Yaotl-, con el objeto de oír
misa en el templo construido en
la esquina N. E. de la plaza. Iban a
caballo, es fama. Calzadas
las espuelas. Bien endomingados;
con la camisa más luciente y bayeta
alrededor de la cintura.
Chanceros y alegres embromaban a
los vecinos que ventaneaban y
curioseaban. Travesura y
desenfado en el viaje. Eran
pintorescas las cabalgatas, ruidosas
de voces y de galopes. Los
corceles, todo nervio, de buena
estampa, menudo el trote, oreja
alerta y ojo perspicaz; de cola
anudada o esparcida; livianos
para el salto; relinchaban curvando
el cuello con donaire y
arrogancia.
Suenan allí, de tarde en tarde,
las mismas campanas que escucharan
cubanos y nativos, y que
antaño invitaron a orar a los
chorotegas, encomendados a fray
Manuel de Arroyo.
¡Campanas fundidas con místico
afán, de tonos suaves; blasonadas de
historia y de leyenda!
Nosotros las palpamos, en el
propio andamio que las sostiene, muy
cerca de la techumbre
cubierta de tejas que
aprisionaron en sus poros las
vibraciones de estos bronces.
¡Campanas!
¡Sonad como en viejos festivales,
en la Nicoya circuida de selvas,
animada de marimbas
indígenas que alzaban su
cantinela, - "Amores de Guardia","
Nicoyanita",- por caminos en donde
asordaba el estruendo de las
caballerías desbocadas!
Todavía quedan en La Mansión
descendientes de los colonizadores.
¿No viven Quesada, el
decidor, y Arauz, el fogoso? Hay
fluidos en el aire vivífico, que
evocan cosas de Cuba, en la
jornada de la independencia. Se
repiten anécdotas orladas de sangre
de héroes. Mientras ayer
los isleños sembraban caña,
ideaban el modo de darle libertad a
su patria. Con sudor de
libertadores permanecen
fecundizados aquellos acres
costarriqueños. Se movía el ingenio
de
azúcar, en medio de la paz que
ofrece el trabajo; y asimismo, en
intensas rumias, vagaba el
pensamiento de los antillanos, en
rutas de liberación. Allí, entre el
conjunto de emancipadores,
estaba forjada una como vértebra
del empeño. Aun desfilan, en calles
de La Mansión, antañeros
personajes que legaron hermosura
ilimite, —de conducta americana, de
fe, de virilidad,—a los
pueblos del Continente. Uno de
los patricios, en 1878, antes de
abandonar a Cuba, proscrito,
arrojó el sombrero en sus playas
jurando volver a alzarlo. Ignoramos
si algún escultor ha
recogido en mármol este gesto y
lo ha perpetuado con la elocuencia
del arranque. Otro valiente,
Calixto García, después de vencer
en bélicos encuentros, posesionado
de un soplo de ardor
romano, prefirió dispararse un
tiro debajo de la barba a caer preso
entre los adversarios de
uniforme de rayadillo y
escarapela roja y gualda. Pero la
herida no fue mortal y una cicatriz
habló
de lo que era la disposición
pudorosa.
Al declinar de un día, hermoso
como la honradez, entramos en La
Mansión. Visitamos el ingenio.
Esta en pie. Recorrimos sus
departamentos. El edificio es
sencillo, amplio. De madera y zinc.
Se
levanta a la espalda de un
arbolado. Alta suma de dinero se
invirtió en la industria, si se
considera el coste de calderas,
hornos, pailas, recipientes para el
fermento, tuberías y
maquinarias. El material, de
marca norteamericana, fue
transportado al Guanacaste con
ingentes
dificultades. En grietas se
arraigan yerbas bravías y anidan
lagartijas. Canos subterráneos,
ramificados técnicamente; por
ellos pasaban jugo, mieles, vapores,
todo bien distribuido, para el
buen resultado de la zafra. Sobre
el techo, en horas de trabajo, humo
en rizos. Los jueves y
sábados, en la molienda, habían
desusada animación con el transito
de carretas, envanecidas
de cana, cortada a ímpetus de
machete, que al ser agitado dejaba
en el aire un son de oro, un
trino de pájaro victorioso.
Antonio Maceo y compañeros se
carteaban a menudo con José Martí,
que residía en Nueva
York. Del norte, pues, recibianse
consignas.
En carta remitida desde Nueva
York, el 25 de mayo de 1893, al
general Maceo, expresaba Martí:
"Mañana tomo el vapor con rumbo a
Ud. —Costa Rica— aunque parándome
por el camino a
arreglos previos, y espero, sin
aparato y anuncio de ninguna
especie, estar en Puerto Limón del
15 al 30 de junio". En efecto, el
30 de junio de 1893, Martí se
encontraba en nuestra tierra.
El 1 de julio de 1893, en "El
Heraldo de Costa Rica", el director
Pió J. Viquez en, sección
editorial, con el título de
Cubano Ilustre, saludo al visitante:
"Un hombre muy notable, un
escritor y literato muy distinguido,
está con nosotros desde ayer
noche. (Ingreso Martí en la
capital el viernes treinta de
junio). El señor don José Martí
acaba de
llegar a San José. Aunque sabemos
de memoria cuantos son los
merecimientos y hasta donde
sube el precio de esa alta
personalidad latinoamericana, no
podemos decidirnos a tributarle hoy
nuestras frases de alabanza y
consideración. Para decir de las
personas que imponen respeto,
se necesitan mucho más tiempo,
meditación y esmero. Ahora acabamos
de ver al señor Martí, y
apenas hemos tenido tiempo para
reponernos de la sorpresa causada a
nuestro animo con la
presencia de ese enérgico
luchador americano, por el triunfo
del derecho democrático y la
cultura racional de los pueblos
de América. El señor Martí es
persona de nombre. En los mismos
Estados Unidos del norte, nación
donde ha vivido y desempeñado
oficios muy recomendables,
cuenta con muchos aprecios y
admiraciones que lo enaltecen. Que
el patriota cubano, tan
inteligente como culto, se digne
conceder acogida al testimonio que
le ofrecemos de nuestro
cordial saludo".
Hasta aquí el editorialista.
"El Diario del Comercio", que
dirigía José Ma. Gutiérrez, del 2 de
julio, en columna de honor,
consagro una salutación al
huésped. Entre otros conceptos
espumosos de simpatía, tiene este:
"En nuestras humildes regiones se
le conoce, se le admira y se le
ama".
El domingo 2 de julio, Martí fue
obsequiado con un almuerzo, en el
Gran Hotel. Hombres de
ciencia y letras ofrecieron al
enamorado de la causa de la
democracia, en irradiadora
anfictionía,
esta demostración de aprecio. Al
terminar, el homenajeado, calor todo
el, hablo extensamente, el
idioma del Derecho y en manera
particular la bienhechora lengua del
idealismo neto, al decir de
la crónica inserta el 1 de julio,
en El Heraldo de Costa Rica".
El lunes —tres de julio— Antonio
Zambrana dio una conferencia en el
Colegio de Abogados,
situado en esa sazón den varas al
sur de la Iglesia del Carmen, donde
hoy esta instalada la
Ferretería Rodríguez Hijos. Trato
de la filosofía platónica; de
Sócrates; del Logos y de Grecia. Su
discurso fue interrumpido por
instantes como motivo de haber
entrado al salón José Martí, en
compañía de don Mauro Fernández y
del general Antonio Maceo.
Ascensión Esquivel, que presidía
el acto, les recibió y les brindo a
su lado un asiento. Zambrana
continuó enseguida su oración. La
asamblea, al concluir el orador,
rompió en un aplauso largo.
Datos estos extractados, para
fidelidad histórica, de las
publicaciones de la época, del 5 de
julio.
Este día, Martí se traslada a la
ciudad de Cartago. Julio hacia
algodón en los limoneros.
Chicuelos, al presente de una
mentalidad de brillo, oyeron su
plática, en el club Punta Brava: los
hermanos Volio y los hermanos
Sancho.
El viernes siete de julio, a
primera hora de la noche, pronuncio
Martí una conferencia en la
Escuela de Derecho, a instancias
de unos cuantos jóvenes, dedicada a
la Asociación de
Estudiantes. Concurrieron al acto
Antonio Zambrana y Ascensión
Esquivel. Sobre el disertante,
expresó Emilio Pacheco, el 9 del
mismo mes:
"Vimos entrar a Martí al salón,
pálido y ligeramente encorvado,
apoyándose en su amigo el
doctor Zambrana, a ocupar lasilla
que se le avía señalado. Martí esta
enfermo: hace apenas tres
meses fue victima en Cayo Hueso
de criminal asechanza, que no logro
matarle; pero si
envenenarle la vida".
Efectivamente, se hallaba muy
quebrantado de salud. Los pulmones
le fallaban, y el corazón se
le quejaba. Antes de emprender
viaje a Costa Rica había realizado
una precaria escapatoria al
campo, —a los pinos de las
Castskill,— para recuperar fuerzas
pérdidas.
Discurrió el orador acerca de la
palabra patriota. Habló con
vehemente entusiasmo de la
juventud, del porvenir del
Continente, de poderosas influencias
extranjeras bajo las cuales se
desenvuelven y crecen los pueblos
de la América Latina. Declare que
los hispanoamericanos
tenemos vigor bastante para no
vivir dominados por la vida y la
literatura francesa y española. Se
refirió a España; a su arte, a la
decadencia sufrida después del
Descubrimiento. Al finalizar, con
enfervorizado acento, recordó a
Cuba, su patria. En el hermoso poema
de la independencia de
América, hay un verso enlutado:
Cuba esclavizada. El conferenciante,
"incansable a pesar de
sus energías debilitadas,
aparentaba agotar en arranques de
suprema elocuencia el fuego divino
de su inspiración, con frases ora
impetuosas y robustas, ora suaves,
dulces y llenas de
encantadora poesía".
Así, con la sinceridad artística
de una fecha que redondea los
cuarenta años, comentaba el
cronista.
Por espacio de dos horas le
oyeron más de cuatrocientas
personas. Gran número de
admiradores, de ahí a poco, le
acompañaron a su domicilio. Muchos
le vitoreaban. La Asociación
de Estudiantes redactaba un
periodiquito, "Picio", escrito a
mano. La edición alcanzaba a cinco o
diez ejemplares. En él, reseñas
festivas, versos humorísticos y
caricaturas. Fabio Baudrit se
iniciaba con las finuras y
sonrisas de sus escritos. En el
"Picio" sé público una crónica de la
disertación de José Martí, Para
despedir al Independizador, en
párrafos epilogales, expreso
Zambrana en "El Heraldo": "cómo
conozco en lo íntimo, y quiero con
entrañable amor, la
inteligencia singular, el
carácter afable y viril, el corazón
de oro, el espíritu sublime de mi
ilustre
paisano, gozo con su gloria, y
hago constar, con delicia, mi nueva
deuda de gratitud a Costa
Rica por haber colocado un laurel
fresco, en la corona de Martí", (11
de julio de 1893).
El sábado ocho de julio, Martí
partió a las siete de la mañana, con
dirección a Nueva York. En
una gacetilla de "El Heraldo"
aparecieron estas letras:
"El señor Martí ha sido entre
nosotros objeto de innumerables
muestras de respeto y cariño.
Desearíamos que el ilustre
cubano, conserve de Costa Rica el
recuerdo de los buenos deseos
de sus amigos".
En el "Diario del Comercio" —8 de
julio,— Manuel Arguello de Vars dio
su adiós a Martí, en
desbordada efusión. Dijo del
hombre enfermo, de cutis muy pálido.
En su semblante se
adivinaba el rastro vivo que
había dejado una intensa labor
intelectual y física, y una
abrumadora, constante pesadumbre
moral. Era una persona que
conversaba con voz tímida y
serena; de ancha frente y hundido
pecho; inclinado hacia adelante como
si el peso de su cerebro
le impidiera mantenerse erguido;
de cabellos y bigotes negros,
caballero de exquisita educación
y cultísimas maneras.
Así Martí, el año 93. ¿Se parecía
al retrato pintado al óleo del
natural por el sueco Herman
Norman? Añadamos que Martí queda
patentizado, en este su primer viaje
permaneció nueve
días en Costa Rica, del 30 de
junio al 8 de julio de 1893.
De la conferencia de Martí,
algunos concurrentes recuerdan aun
períodos martianos, con el
encanto de la añoranza. La
sinceridad y manera unciosa de la
palabra, atrajeron desde el
comienzo simpatía y admiración
del auditorio. Conceptuoso y firme.
Para Martí las razas india y
negra son bondadosas y sumisas.
Las desfiguran o desdeñan solo los
malvados. El tiempo
confirmó la estima de Martí por
esta gente, de generosidad nativa.
Fue hombro para ellas. Las
alentó; las ensalzo; las
protegió. Quísolas para orgullo de
su vida. Por temperamento de su
naturaleza; por colmar, hasta los
bordes, de licor de bien, en impulse
virtual de un intimo clamor,
las ánforas de sus ideas. En La
Edad de Oro —1889— hay un cuento: "
La Muñeca Negra".
Resbalan en él perladas gotas de
amor. Del amor de Martí para el
hermano negro. ¿En México,
Pedro de Alba, no se ocupa en
escribir ahora "Martí y los Negros?”
Montalvo, en "El Espectador",
exclama: si mi pluma tuviese don
de lágrimas, yo escribiría un libro
titulado El Indio, y haría llorar
al mundo.
El paso de José Martí por Costa
Rica adquiere, dentro del valor
histórico y de los destines fastos,
un significado del todo lumínico,
Momentos de solemnidad, aquellos.
Fecundadas por el
patriotismo, las horas se
enorgullecieron; los costarricenses
realzáronse con la visita de un
señalado, que congregaba a sus
coterráneos disperses a lo largo de
los Andes, que admiraban
sus fervores y el evangelio de su
redención en marcha. Vino el
discípulo de Rafael María
Mendive, sin pompas, humilde en
su grandeza, de puntillas si se os
antoja, a la conquista de
corazones. Abrió sus brazos. Le
vieron alas en el alma. Era un ave
con nido de llama. Gorjeaba
para consumirse en la lumbre de
su aspiración. Fueron de él los
hombres de espada y los de
sentimientos. Y en el sosiego de
nuestra tierruca, manaron aguas más
cristalinas y abundantes.
Tal vez nuestros volcanes —esos
profetas que escriben versículos con
lava y ceniza— adrede
no retumbaron para oír en su
cabal majestad, el verbo del romero,
espejo de la raza.
A la Humanidad, cuajada de
mortales chatos, —¡oh, las
turpitudes de los fofos!—, Dé tiempo
en
tiempo la deja en cinta lo
Desconocido y nace un ser superior,
que irradia gallardía, abnegación,
fortaleza. Costa Rica acogió a
Martí. Le brindo su espíritu, su
paz. Por eso él quiso servirla corno
hija. Nuestra patria arrullo,
como madre, a Martí.
En aquella ocasión, el pasado de
Costa Rica estaba en relieve en los
símbolos cívicos de
nuestra historia monetaria. El 10
de mayo de 1823 salían de los
troqueles, monedas de oro y
plata que mostraban en el anverso
una estrella con la leyenda: Costa
Rica Libre. En el reverso y
al centre una palma cruzada por
fina espada y fúsil con bayoneta;
debajo de estos un cañón. El
19 de marzo de 1824 se acuñaron
monedas que llevaban en el anverso
una cordillera de cinco
volcanes. El Sol comenzaba a
descubrirse por detrás del muro de
montañas. En la haz opuesta
traían un árbol, emblema de
libertad, con la inscripción: Libre
Crezca Fecundo. El 27 de octubre
del mismo ano el Poder Ejecutivo
procedió a la amonedación de piezas
de oro y plata. Esta
moneda ostentaba en el anverso
las armas del Estado. En noviembre
de 1838, por disposición
de Braulio Carrillo, presentaban
al reverse, un árbol que figuraba al
café, en monedas de oro; y
al del tabaco, en la plata. Se
autorizo nueva acuñación de monedas
por Ley de 29 de septiembre
del 48. Al anverso, una india en
pie, armada de arco, carcaj y
flechas. Y en septiembre de 1864,
se ponía una guirnalda de
laureles, en la pieza.
Estrellas y palmas: soñaciones e
idealizaciones. Espadas, arcos,
saetas estremecidas: defensa,
vigilancia, heroicidad. Volcanes
para vivir como ellos, con altivez.
Astros para alzar el
pensamiento hacia la inmensidad.
Laureles dignos de Dame. Árboles que
invitan al trabajo, a la
riqueza; signo de arraigo al
surco y a la heredad. Y mujeres
autóctonas, aljaba al hombre, bellas
de autonomía.
En escrito dirigido a Serafín
Sánchez, de regreso a Nueva York,
—julio 25 de 1893— declaraba
Martí que Antonio Maceo no le
puso el menor obstáculo; le llevo el
mismo al presidente de Costa
Rica —era D. José Joaquín
Rodríguez;— se libertó Maceo del
contrato que lo entrababa, y dejó
ajustado con Martí su modo
especial de ir. En este viaje Martí
había logrado con tacto
restablecer las relaciones de
Máximo Gómez y Antonio Maceo,
quienes estaban distanciados por
cosas volanderas.
Costa Rica, excelente. Para
nuestro país, siempre tenía
conceptos laudatorios. Llamábala
industriosisima colmena,
inspiradora de cariño por la
cordialidad de sus habitantes (de
"los
hermaniticos", como en Centro
América se nos distingue), y respeto
por nuestra laboriosidad e
industria.
En los días en que vivió Martí en
San José colaboraban en nuestros
periódicos escritores de
valer. Antonio Zambrana, cuya
pluma fue dicha de luz; Pió Viquez,
de estro relevante; Mauro
Fernández, todo ingenio en las
disputas en que se espacia el vuelo
de dialécticos y águilas;
Justo A. Facio en las calidades
de su técnica y la pulcritud de su
dicción; Manuel Arguello de
Vars, que conocía las briosas
ascensiones del espíritu;
Buenaventura Carazo, aficionado a
cuestiones hacendarias; Rafael
Iglesias, cual heráldico gallo de
bien firme ala, sorprendía a la
multitud, en alardes tribunicios,
con la diana de su verbo, José Ma.
Gutiérrez, hacedor de
camafeos, admirable por el
indeficiente garbo de estilo; Emilio
Pacheco, en suma, insusceptible
de confusión por su semblanzas y
acuarelas donde se externaba la
belleza. Además,
reproducianse meditaciones de
Hugo. Rubén Darío acababa de
abandonar el país, camino de
Nicaragua. Se abrían paso, en
animado aprendizaje, las corrientes
nuevas de la filosofía y del
Derecho.
Tal el medio, en el escenario de
nuestra nacionalidad. Aires
favorables, para el cubano.
A Martí le rodearon varones de
escogida superioridad. En torno de
él los inteligentes y los
pundonorosos. Por manera que fue
comprendido y amado.
Nuestros compatriotas sabían que
debemos honrar al que nos honra. No
vive vida de hombre
sino el que sabe, advirtió
Baltazar Gracian, para el corazón de
los tiempos. La juventud solicita
su palabra que señalaba rumbos y
deberes, hacia los impulses
afirmativos de América.
Nuestros valores de fuste, en las
milicias del pensamiento, lograban
ardorosas victorias, no solo
en los esmaltes y juegos de forma
y en el modo de colorear de fantasía
páginas de arte, sino
también en el dominio y difusión
de ideas alboreantes. Credos de
libertad, se propagaban.
Diarios y universidades invitaban
a pensar en problemas de altura,
para, con el entusiasmo de la
acción, hacer ambiente a lo que
implicaba religión de anhelos. Por
eso Martí y acompañantes
encontraron en nuestra Republica
hospitalidad como no otra. Al
talento, reverencia. A la rectitud,
devoción. Al proscrito, abrigo.
Al cruzado que pedía patria, las dos
manos. ¡ Manos efusivas, al
Hermano!.
Cuando Martí llega a Costa Rica
apenas había trasmontado los treinta
y nueve años.
El 8 de julio de 1893 José Martí,
al alejarse de San José dirigió una
carta a Pió Viquez, su amigo
muy querido, publicada el nueve
en "El Heraldo de Costa Rica". En
ella los párrafos chispean.
Costa Rica fue para él "tierra
que siempre defendió y amó, por
culta y viril, por hospitalaria y
trabajadora, por sagaz y por
nueva". En nuestro seno vióse
tratado como hermano por los que
casi no conocían su nombre.
Brillaron a su alrededor la
inteligencia enérgica, la palabra
discreta,
la lisonjera amistad de quienes
no la hubiesen acordado de seguro a
quien no trajese al sagrado
de su hogar el miramiento del
huésped y el corazón limpio. Tuvo
cerca de sí a hombres buenos
de América. Y este ruego; "Solo
de un modo puedo responder a esta
merced grande: y es pedir
a Ud. y a mis amigos de Costa
Rica que me permitan servirla como
hijo".
A decir verdad, fue hijo de
nuestro terruño, porque admiro el
libérrimo espíritu costarricense,
porque exaltó en el exterior las
ejecutorias republicanas de aquí,
porque en su alma hubo frescas
de cariño para esta nación. Cuna
en que esculturamos con el cincel de
la voluntad empeños de
resalte. En ella reposa el
preceptor que nos lego conocimientos
y siembra el labriego de cejas
encenizadas que en la calle
pueblerinario nuestro dicho. Hogar
bueno. En el se yergue aún la
casuca, chiquita lo mismo que un
corazón, morada del condiscípulo que
nos brindo amistad; y
vimos, cuando éramos inocencia,
el portal que nos convido a sonar y
recibimos la primera
amargura y asimismo, el goce
primero.
¡ La patria! ¡La patria!
Costa Rica, para alabarte
resultan rusticas las palabras: nada
puede alcanzar a embellecerte de
manera acabada; pero a ti, el
amor de tus hijos, envuelto en un
trueno de glorias.
A la llegada de Martí a estos
países, los puertos se orlaban de
emigrados. Hombres enteros,
pujantes, lucidos, de médula de
león, aquellos. Las adhesiones a la
causa se hacían visibles. El
allegamiento de recursos se
acrecentaba. La estructura educativa
del anhelo, en medio de tanto
riesgo, le rodeaba, por doquiera,
de cordialidad. Hechos posteriores
comprobaron la santidad del
movimiento. Dábale el Apóstol
tono y fisonomía a su credo. Martí
ya había dicho, para galanura
de la verdad: escribo con sangre
y muero. Marzo de 1894. En esta
fecha no deseaba el viaje de
Maceo a Nueva York. En caso de
urgencia, Martí se daría el gusto de
abrazarle en Costa Rica, si
una entrevista se estimaba
indispensable. De Nueva Orleáns, el
30 de mayo de 1894 escribió a
José Maria Aguirre: "Me embarco
al amanecer, con el hijo de Máximo
Gómez por compañía —
Francisco Gómez Toro—". El 5 de
junio siguiente, a bordo del vapor
noruego "Albert Doumois",
(capitán, Horgen), avisa a
Alejandro González: de Puerto Limón,
donde vamos a entrar, le
saludo. "Va conmigo Pachito, el
hijo mayor del general, y con él voy
allá a verle". Salud ni fortuna
venían con él. De este viaje, en
realidad, se sabe poco. Los
periódicos registraron datos breves.
En " La Prensa Libre" del viernes
8 de junio de 1894, se lee; "Ayer
tarde, procedente de los
Estados Unidos de América, Ilegó
a esta capital el ilustre orador don
José Martí, delegado de la
revolución de Cuba. En su primer
viaje dejo numerosos y gratos
recuerdos, principalmente con
su admirable conferencia en el
Colegio de Abogados. Reciba el
notable huésped nuestro atento
y cariñoso saludo de bienvenida".
Martí, en San José, el día 7. Se
hospedó en el Gran Hotel, El
domingo 10, " La Prensa Libre"
rindió en Notas y Noticias otro
saludo para Marti, visitante que
"sintetiza la suprema aspiración
de todo un pueblo hacia su
independencia".
El lunes 11, en la mañana, partió
para Puntarenas.
El 18 de junio de 1894 salió del
país. Siete días, en nuestro Puerto
del Pacífico. Saludo a los
mensajeros de la colonia de La
Mansión y a Flor Cronbert, de
quienes se separó "sin una sola
duda ni lastimadura". Conversé
con José Maceo, Juan Barracoa y León
Castro. En carta dirigida
a Antonio Maceo, de Puntarenas,
se refería a la posibilidad de hacer
en Tortuguero una
embarcación, con el propósito de
realizar sus planes. Los más de los
cubanos estaban
reconcentrados en Mohín y Nicoya.
En Puntarenas supo de la muerte de
Pardo y Perozo. Fue a
la ceremonia de un vapor nuevo, y
mostró deseos de describirlo a Pió
Viquez; pero le
imposibilitaron contrariedades
inesperadas.
Los puntareneños le festejaron y
regalaron con excepcionales
atenciones. De Puntarenas —
observe— cuánto cariño. Convites,
visitas, servicios. Del
costarricense llevaba "toda especie
de
gratas memorias".
El 22 de junio, en Panamá. De
allí escribió a Eduardo Pochet, a
Enrique Boix, a Loynaz. (De
Estados Unidos, el 4 de mayo de
1894, Martí mando a Costa Rica a
Enrique Loynaz del Castillo).
El 25 entraba Martí a Kingston.
Se detuvo en México y por último
siguió con rumbo a Nueva
York. Anhelaba el regreso para
desarrollar un plan rápido y
simultaneo.
En este su segundo viaje a Costa
Rica permaneció catorce días: del
cinco al dieciocho de junio
de 1894.
En San José pidió auxilio a los
que no habían contribuido, y fue
asunto de horas, con resultado
auspicioso para el
desenvolvimiento de la revolución. A
José Dolores Poyo advertía Martí que
lo
que se recogió fue sin súplica
excesiva, sin dolor de la dignidad,
con gozo de los contribuyentes.
Mencionaba el esfuerzo de los
cubanos de San José y el respeto de
los costarricenses. Los
antillanos que residían en Panamá
y en Jamaica, respondieron, asimismo
a su solicitud.
José Maceo y Flor Cronbert, por
disensiones suscitadas, ibánse a
batir en duelo. (Sobrevivientes
de La Mansión reservan el nombre
de una guanacasteca, linda como una
flor; — el ojo
adoselado; de alas de pirausta,
los labios—). Era necesario evitar
este lance. No debía
derramarse sangre entre los hijos
de la patria que les reclamaba por
igual. Enterado a tiempo
Martí de tal conflicto, un día,
día de sorpresa, se trasladó a
Puntarenas, —junio de 1894-. De los
señoríos nicoyanos vinieron
Cronbert y José Maceo. Martí, con
frase amorosa, provocó
reconciliación y armonizo a los
duelistas, quienes, después de hacer
un juramento ante la
bandera cubana, en un abrazo
reanudaron su camino al unir sus
corazones, al ruego martiano.
En aquella ocasión los cubanos
tuvieron pensamientos más puros que
nunca, come cuando se
reclina la cabeza en hombro de la
madre o en pecho de hijo.
Vuelto a Nueva York, en carta
para Antonio Maceo, aparecen estos
renglones: "De Pochet, ¿por
qué no he sabido? ¿0 esta bravo
con quién tanto tiene que
agradecerle como yo y le quiere y
estima tanto? Enrique, ¿adonde se
quiere ir? Le escribo que se quede,
a no ser que desee Ud.
otra cosa. Pongo unas líneas a
Flor, por Boix. El sábado escribo a
José y a Nicoya,"
El 3 de noviembre de 1894, puso a
Maceo este recuerdo: "Veo claro el
camino. No-menos claro
que aquella tarde hermosa en que
vi alejarse por el agua del golfo
(de Nicoya) e bote cargado de
mis bravos amigos".
El 17 de noviembre de 1894, en
despacho enviado desde Nueva York,
Martí preguntó con
ansiedad a Antonio Maceo sí era
cierto que estaba herido. Había
acaecido lo siguiente el general
Maceo, con varios connacionales,
- Loinaz del Castillo, Casimiro
Orúe, José y Alberto Boix -,
asistió la noche del sábado 10 de
noviembre del 94, a una
representación de la comedia "Felipe
Derblay" de Jorge Ohnet, por la
compañía dramática Paulino Delgado,
en la capital de Costa
Rica. A la salida del Teatro
Variedades, fueron atacados los
cubanos por algunos españolas,
ofendidos por un editorial de
Enrique Loynaz del Castillo, inserto
el jueves 8 en " La Prensa
Libre", periódico que redactaba
este general en San José. Él
-epígrafe "Bandolerismo en Cuba".
Contestábase una publicación de "
La Estrella de Panamá" sobre e
incremento del pillaje en
Cuba. En la noche del viernes
nueve, en La Cabaña de Tomás Soley
se celebró una reunión
para protestar del artículo. El
párrafo mas violento, expresaba:
"Vamos a responderle a La
'Estrella de Panamá' con la
elocuente realidad esas enormes
rentas que alcanzan en el
presupuesto a veintinueve
millones de pesos oro, sin contar
los inmensos caudales que cobran
los gobernantes españoles en la
sombra, sirven de hartazgo a esa
'nube de empleados', legión
innumera de vampiros, que viene
cada año a América para vivir del
sudor y de la sangre de los
cubanos. El buitre vive de lo que
su garra apresa. ¿Y que han sido
desde 1492 los
conquistadores de América, sino
buitres?". Prosigamos. Loynaz del
Castillo iba con tres amigos;
y adelante, a una distancia de
quince varas, el general Maceo y
cuatro personas más. Detrás de
estos, un grupo de españoles que
sumaban quince. (Entre ellos
Subiros, Feo, Incera,
Chapresto). Al pasar por el
almacén de D. Juan Hernández,
provocó Chapresto a Loynaz del
Castillo. En la refriega, que
principió en riña a palo y puno,
resulto muerto el español Isidro
Incera. Una bala le perforó la
cabeza de parte a parte. Se cruzaron
diez tiros. Maceo recibió una
herida por la espalda. Alberto
Boix un balazo en uno de los
hombros.
En casa de Eduardo Pochet
atendieron a Maceo los doctores
Durán, Uribe, Calneck, Céspedes y
Ulloa. El choque lo buscaron los
peninsulares y el proyectil mortal
salió de cañon cubano. El 15
de noviembre Loynaz del Castillo
se alejó de Costa Rica. Partía al
destierro. En carta pública
dirigida al presidente Iglesias,
el 14 de noviembre, anotaba Maceo:
"Cualesquiera que sean mis
opiniones políticas en los
negocios de mi tierra, he respetado
y respetare siempre de un modo
profundo la hospitalidad de este
país, y he mantenido y espero
mantener cordiales relaciones
con muchos miembros de la Colonia
Española tan respetada aquí por su
laboriosidad y sus
virtudes. Para las cuestiones de
Cuba no puede ser Costa Rica, sin
duda, un campo de batalla."
El 25 de noviembre, Martí
escribió a Maceo: "Al fin supe de
Ud. Sé que por su noble herida me lo
quieren más. ¿No me ha sentido en
estos días cerca de Ud. al lado de
su sillón?".
Siempre Martí, por sus amigos, se
preocupaba. Y quería más a sus
compañeros si el dolor les
atenaceaba. Incontaminadas
tradiciones morales, le hicieron
hidalgo. Alma abierta al horizonte
de una humanidad dignificada. Por
esto los isleños le comprendieron, y
a su voz se aunaron, con
la impaciencia de los que se
disputan la estima y confianza de
los superhombres.
Enfermedades, pobrezas, le
asediaban. A menudo, quisquillas de
localidad; disposiciones
hostiles del gobierno de
Washington. Sufrir, callar. Impulses
malogrados. Insinceras
obsecuencias. En el
convencimiento de deslealtades,
disimular, olvidar. De los cincuenta
que se
apuntaron en un monte —recordaba
Martí— a que fue para abrir a la
cumbre una vía nueva,
llegamos cinco. Yo no conté con
los cincuenta, sino con los cinco.
El trabajo, recio. Discursos,
articulaos, correspondencia; clases
traducciones(1), calculo de
facturas en la oficina Lyons &
Co., Visitas, viajes. Sometido a una
inhibición de recreo.
Penas por la familia ausente.
Veinticuatro años vivió lejos de
Cuba; en ese lapso solo dieciséis
meses permaneció en su país,
sumado el tiempo de los tres viajes
realizados. Echaba leña en la
hoguera; el ideal reclamaba
combustible. Llenaba de claridad las
vidas. Resquebrajado de rayos,
su orbe interior; como mar
cargado de tempestad, la mente. En
adquisición de armas, custodia,
cautela y sigilo. En la tarea
cien brazos como Briareo; un Argos
en el avizoramiento. Con la una
mano cuidaba de sus siembras
cívicas, con la otra se defendía de
la ignorancia espesa lo mismo
que barro. Actividades
centrifugas y centrípetas, al par.
Su faena, en beneficio del hombre.
Todo
empuje, este carácter. Todo
lumbre, el hijo de Mariano Martí.
Todo acción heroica, este dador de
dignidad. ¡Y era nervioso, de
pardos ojos vivaces, delgado y
pequeño este gigante que creo un
deslumbramiento de esperanzas
americanas!
En servicio de su causa ofrecía
pedir limosna de rodillas. De Martí
idas, venidas y retornos en
busca de fondos. Solicitaba
cuotas a los paisanos, primero; a
los hijos de América, enseguida.
Necesitaba poner armas en brazos
corajudos. —Rémington calibre 43,
machetes Collin 22,
cuchillos Haning Knife,— y
disponer del condumio diario.
Los libertadores, por lo general,
efectúan su obra con ayuda de los
pobres. De estos viven los
pueblos; por los pobres realizan
su misión los genios. El rico
subsiste para sí. Le importa un
adarme la cristalización de la
justicia. Con dinero —razona— se
reside a cuerpo de rey en los
términos todos del planeta. Por
ello es insensible al reclamo de la
libertad. Apellida loco, archí
loco, al que empuña la espada y
marcha en defensa del prójimo.
¿Quiénes colocaron recursos
en manos de Bolívar? A Martí,
¿cuántos le socorrieron para la
hermosura de su empeño?
¡Hay tantos que niegan por
negar!, Reflexionaba Mariano José de
Larra, comentando el egoísmo
de sus contemporáneos.
Las mujeres, al llamado
patriótico, vendían sus joyas. Ramón
Ortiz, en Costa Rica, compró
anillos a varias damas, entre
otras a María Cabrales de Maceo.
Martí no perseguía créditos ni
famas. Humilde, en su labor. Pero
imperioso de esfuerzo. Brega
de principios jugosos; de
supremas convicciones. Es suya esta
frase, que para entendimientos
que penetran el sentir e
intensidad de las palabras, están
henchidas de alboradas: "Si me dan
diez mil pesos para la
revolución, salgo desnudo en mulo".
De su parte, vida franciscana. Comía
en lugares donde fuese más
barato; los amigos le prestaban
trajes con que presentarse
adecuadamente en la tribuna.
Hacía en tercera o en segunda, sus
viajes incesantes.
De regreso en Nueva York, en
septiembre, anduvo Martí cuatro días
buscando quien pusiese
dinero, por cable, en Costa Rica.
Las áreas, escuetas. Estuvo a pique
de fracasar. Le halló
después de mucho ruego y fue
remitido a Antonio Maceo.
En noviembre, dijo Martí a Maceo,
en una página de su correspondencia:
"Siempre supliqué a
Ud., por mayor seguridad, y para,
evitar la zozobra y el cansancio,
que la gente allá siguiese en
sus labores hasta el último
momento, y de ellas se deslizaran al
punto de embarque. Y así creo
que lo habrá logrado Ud. a no ser
que las cosas hayan hecho salir de
ellas a los compañeros".
En sus cartas, con insistencia,
preguntaba por Flor Cronbert, Boix,
Pochet y Palacios.
Caso no incurioso. Esta Martí
preparando la guerra, en colectas de
fondos, en adquisición de
armamento, en atisbo de lo que
comporta avance en el
pronunciamiento, en propaganda de
una
lucha orgánica y homogénea, mano
a mano y pecho a pecho, y se
preocupa por los fueros del
idioma. A Juan Fraga avisa que
ira con puntualidad a la junta. "El
no emplea él termino meeting -
anota-que es lo mismo que junta o
reunión en castellano. Y no vaya a
interpretar esto de regaño
-agrega- sino de cariño, por el
placer de travesear con Ud. A Eva
Canel, observa: deseo que
tome en paz su lunch, -¿por qué
no lonche?" Y a Gonzalo de Quesada,
refiriéndose a su labor
literaria, le manifiesta que
prefiere verle entrarse impaciente
por el castellano, tronchando con el
gusto de la vuelta una que otra
flor, a verle de mendigo de las
literaturas extranjeras, fatigándose
en vano por acomodar a un molde
exótico el alma criolla. Proclama:
El vino, de plátano; y si sale
agrio, ¡es nuestro vino!.
Es Martí el revolucionario que,
arma al brazo, o en caballo
caracoleador, afila el lápiz ansioso
de
darle matiz, lustre y legitimidad
a las palabras. Quiere patria.
Quiere asimismo, inviolabilidad y
propiedad de lengua, para esa
patria.
Sus versos son fragmentos de su
vida. cada estrofa, encendida de
emoción, es un trozo de
historia. Versos Sencillos
reflejan naturalidad y sencillez.
Martí recuerda episodios de
juventud.
Algunos poemitas palpitan de
énfasis, de nervio y de riqueza
verbal. En Versos Libres hay
osadías de versificación
precursora y transiciones nítidas.
En ellos, rebeldías de lucha, bravas
ideas en los años de campaña. Se
oye el paso de escuadrones de
altivez, firmes de dignidad. Se
siente el estremecimiento de las
selvas, bajo la trepidación de la
tierra. Ismaelillo dibuja su
intimidad espiritual. Lo dedica a
Pepito. Ternezas de padre para el
hijo. La cuna en brazos de
Martí. El subjetivismo que le
domina es teresiano, por la suavidad
de sus embelesos; Martí es
gracianesco por la hondura de
pensamiento y novedad de sintaxis.
Sus cartas están aperdigadas en
tres o más volúmenes. Las
terminaciones, no infrecuentemente
son de un brillo total. Fuerzas
del músculo y calor de su sangre, en
sus frases. Juegos de alma,
en arquitectura de panal, en
ellas. "Junte a su casa en un
abrazo". "Nuestra alma entera: el
agravio olvidado y la fe
encendida". Para sus ansiedades, he
aquí resumido su civismo:
"Valgámonos a tiempo de toda
nuestra virtud, para levantar, en el
crucero del mundo, una
república sin despotismo y sin
castas".
Tiene Martí visiones de su fin:
"Caeremos y nos refuerzan. Esto lo
he leído en el cielo, y Ud.
llevara una cinta de mi caja
vacía; pero moriré dando luz". Y una
muestra de los dulzores de su
humildad: "bajo la cabeza y
bendigo".
Este eximio libertador, con la
mano en la conciencia, blindado de
franqueza, traza en esquelas,
para reserva de la amistad, lo
que le dicta su meditación honrada.
Es la suya honradez de alba:
un despliegue de resplandores.
Forma, para su alzamiento
victorioso, tropas de luz, cuyo
pecho
es capaz de resistir balas y
maldades.
No engolosina con promesas.
Conjura el engaño, la falsía, la
encrucijada de envidias. A los
pequeños, de temor pueril, de
preocupaciones enmohecidas, a los
arrimadizos y segundones,
desdén. Sin esperas ni melindres,
a los bravos, a los leales, presenta
un convite a la muerte, en
comunidad de propósitos, a cambio
de una patria desclavizada digna de
su historia.
Cuando se acerca el impulso
inicial de la rebeldía, expresa:
"crece la hora grande". Y estotro,
meduloso: "Óiganme con sus
corazones. Y a un camarada. Dígame
que lo he conocido, que
vemos él.
"En busca de óbolos para
fortaleza de la causa: yo insisto,
yo argumento, yo me arrodillare, yo
no dejaré nada por hacer. En
cierta ocasión, en conceptos
rutilantes, videntes: "yo me llamo
conciencia"
Ya en el estribo del vapor,
camino de la guerra, envía estas
letras a su madre, el 25 de marzo de
1895; "Ahora bendígame, y crea
que jamás saldrá de mi corazón obra
sin piedad y sin limpieza.
En Cuba, presto a entrar en
combate: la divina claridad del alma
aligera mi cuerpo".
Manifestaciones arcangélicas, hay
en Martí.
Quiere con todas veras morir el
primer. Aguarda con gozo el
sacrificio. Escribe con frescura de
viento de cumbre: "nos caemos
riendo", cuando el y Máximo Gómez
suben rocas, rifle en mano,
al encuentro del enemigo.
Produce con la naturalidad con
que cae sobre musgos un rayo de sol
de la mañana. No
obstante, Aurelio Mitjans tacha a
Martí de ingenio amanerado. Lo
corriente. Criticas inevitables.
A Sarmiento le encuentran
descuidado; a Rodó, retórico,
fraseólogo; a D. Juan Montalvo,
afecto
a rebuscamientos; a Darío,
preciosista, ¡Qué se ha de hacer! El
egoísmo es así: guarda gusanos
en la sangre. ¡Oh Envidia, en
balde echa toneles de veneno en el
Océano! Naciste de los
estercoleros de Belcebú, y no
hueles bien. ¿Sabes? Te pareces a la
raposa, la ladrona.
Martí se siente puro y liviano y
descubre en él algo como la paz de
un niño. Incrustado, dentro de
sí, lleva ese alado anuncio de
una muerte venturosa, prodiga en
revelaciones. Casi nunca fecha
sus cartas. Afirma que vive un
día que no termina sino con la
emancipación de Cuba, Él escribe
"para siempre". Así Tucídides.
Por Rafael Maria Mendive, su
maestro, Martí daría a cada momento
su vida. ¿Semejante
devoción no consagraba Bolívar a
su mentor Rodríguez? Blanca de
Montalvo, niña sonrosada y
rubia, asomada en Zaragoza a una
ventana de la casona de Platerías,
es su primer amorcillo,
ingenuo "como el césped al margen
de los ríos". De su novia Rosario de
la Pena — 1875, meses
de amor y rosa en México— no
quiere apartar sus pensamientos; la
llama numen pudoroso, la
pide que le despierte a la
exaltación y alas esperanzas; mujer
suya es mas que mujer común. A
María García Granados, su adorada
de Guatemala, hubiera querido
"colgarle al cuello esclavos
los amores", Fermín Valdez, amigo
de infancia y de juventud, es su
mejor hermano. ¡Oh, la
mañana de su niñez, cuando tiene
él un juguete de pluma: el gallo,
diestro gladiador, que le da
Lucas de Sotolongo! Leonor,
Carmen, Amelia, Antoñica y Ana, sus
hermanos, son como lirios
para su alma, que hunden las
raíces donde las tiene su vida. De
este mundo desea llevar la
copia que hace el pintor Manuel
Ocaranza, de Ana, la hermanita que
muere a los dieciocho
años. En Carmen, su esposa, y en
su hijo, por transfusión prodigiosa,
esta el calor de sus
afectos; en vano él busca su
espíritu; Queda en ellos. Es cosa de
huir de si mismo esa de no
tener cabeza de hijo que besar en
el destierro. Cuando manda un abrigo
y un sombrero a su
"dueño" a La Habana, gasta Martí
en salva de amor sus últimos
cartuchos. Su libro Ismaelillo lo
publica —1882, Thompson y Moreau—
por ser mariposa que echa a volar
para que se pose en
el hombro de "su reyecillo". A su
madre, matrona fuerte, mucho la
necesita; mucho la ama. Es
nobilísima. Hereda las virtudes
de su suelo; Canarias. El día que es
urgente despedirse de su
viejecita, ella le va detrás de
un cuarto a otro y el va huyéndole.
Su padre, de cabellera de plata,
valenciano de cuna, asmático
desde mozo, es de temple enérgico,
de aptitudes extraordinarias,
de excelsos, raros meritos. Martí
olvida, por siempre, las
intolerancias e irritaciones de su
padre.
Las justifica, las perdona.
Hay palabras qué tienen alma:
selva. Qué aprisionan matiz: rosal.
Qué poseen acento: beso, que
es el amor hecho música. Qué
arrastran los corazones: Hijo,
Madre; que son salud del mundo.
Otras, saturadas están de
santidad cívica: Martí, Sarmiento;
que se incautan de las fuerzas
virtuosas de la Humanidad. Un
razonamiento montalvino, resume el
valor de estos últimos
términos: fuego, santo fuego,
arde en el pecho de los varones
ínclitos, llámate locura, y fomenta
los desvaríos que son la gloria
del genero humano.
En el recuento de estas
germinaciones de arrojo, de coraje,
echemos en olvido la hora solar,
dentro de una filosofía de
efectividades humanas, y
reconsideremos la hora mental, que
preconizaba un acontecimiento,
hacia lumbraradas sin fin, de la
evolución de la raza. Asequible
era el propósito. Concurrían
naturaleza y tiempo. Dominaba lo
rojo. Cada época y cada tiempo
se distinguen por su color. El
brío de los átomos, en el éter,
tiene resonancia en las potencias
terrenas. Cosas creadas e
increadas, de las posiciones
celestes y de los dominios de Adán,
se
asocian, en momento dado, y
estampan personificación a una
voluntad redentora. Intervienen lo
invisible y lo impalpable. Hecho
este escarceo, digamos que Martí,
representativo de la Libertad,
fue esencia de energías
universales.
La honradez caracterizó a Martí.
Pero preocupación, no inconstante,
en negocios de rectitud.
Honradez en sus múltiples
aspectos: respeto por lo ajeno,
culto a la verdad, consagración al
trabajo, desprendimiento en el
servir, alteza. Su epistolario esta
nutrido de sinceridad. Mina esta
en donde se palpa la excelencia
de sus arrestos íntimos y de sus
virtudes patricias. A Miguel de
Unamuno, lo que le reveló un
singular escritor, en José Martí,
fueron sobre todo, sus cartas. Con
su mano por mesa, —sus maluqueras
le obligaron a meterse en cama,— o
en el borde de la silla
o en el estribo del tren o al pie
del vapor, trazaba sus epístolas
porque no había tiempo de
reparar en comodidades. Lujoso de
cariños, sin veleidad, en misivas
escritas desde Nueva York,
en el cuarto piso de una casa
vetusta y sombría con escalera de
hierro, 120 de la calle de Front,
comunicaba con sus
lugartenientes, regados en América
Central y Sudamérica. También
pergeño sus esquelas en el bohío,
—¡oh, sus letras hechas con tinta
morada!— a la luz de una
vela fija en ventruda botella,
mientras cerca se oía el tecleo de
la batalla. Del estudio de la
escritura de Martí, realizado por
Rael Fakir, redactor de la Sección
grafológica de "El Mundo" de
La Habana —enero 29 de 1933—se
deduce que fue un emotivo.
Caballero en el sosiego del
hogar: caballero en el combate.
Transparencia en actos:
perspicuidad en pensamientos. De
oro su vida: impulsada en sendas de
bien.
Moralidad, entereza, en cifra y
resumen, aureolaron su nombre. En su
sentir, la amistad era
dulzura única de la existencia.
Útil fue a su país; necesario, por
sus generosidades, a sus
semejantes. Desde pequeño abrió
un cauce amoroso. De almohada: la
muerte. Nada de
maculas ni de desvíos. Luchó sin
desmedro de la dignidad. Como un
niño, —advertía a
Fernando Figueredo,— me voy
limpio, a la tumba. Grande hombre
este que hizo horas grandes
de una época grande. Patria y
libertad y perdón y amor. Para
escribir la biografía de José Martí
es precise internarse en un
huerto pintado de frutos, de flores
incomparables, de pájaros de
Zorrilla de San Martín, adonde
descendiesen, de cuando en cuando,
águilas vestidas de
relámpagos. Miel y seda para
celebrar sus ternuras; ala y garra y
golpes de tempestad, al
rememorar sus empujes épicos y
sus empeños tras el logro de la
emancipación de su pueblo.
En América muy a menudo atrapa el
poder caciques de una tribu
desconocida, si gustáis, porque
sus métodos de mando son tan
primitivos que evocan la edad de
piedra. Ya en el gobierno
proditorio, principian a consumar
destines a diestro y siniestro. Leen
mal y escriben peor.
Cuentan con los dedos. Unos
tienen predilección por bueyes y
terneros, —¡oh Facundo!—; otros
se pirran por los caballos, —¡oh,
Ignacio Veintimilla!—. A los mas les
obsesiona el juego, —los
Ezeta en Centro América—; todos
se embriagan, todos... son Guzmán de
Alfarache en el
merodear. ¡Su vocablo favorito es
p...!; se rodean de poetas pilongos
y farfantones.
Entran en la iglesia con el
sombrero encasquetado hasta las
orejas, clausuran universidades y
escuela, mandan a pegar fuego a
las imprentas, violan la
correspondencia, destierran,
vapulean,
encarcelan, castran, envenenan,
degüellan.
Si el pueblo exterioriza un
sentimiento airado, el cacique,
nombra el derecho, da sus alzacolas
y
pelafustanes, —mozos de cuerda o
gomosos de cabo de barrio,— saca a
la calle ametralladoras
y tala el cuerpo de jornaleros y
mujeres y acribilla de balas el
pecho de niños que van tras sus
padres, los ojos levantados al
cielo y fundida en una plegaria, su
devoción patriótica.
El cacique nada realiza al
disimulo. Es toro para la embestida.
No rehuye responsabilidades. Él
es él. ¡Muy él! Dictador,
déspota, hiena: lo que se quiera.
Dueño de sí y de su pueblo. Altanero
con la naturaleza y la Humanidad.
Constitución, justicia, paz, son
para las baratijas en la ratonera
de su país. A veces, en cualquier
festividad, un orador turiferario
hace el parangón y compara al
tirano, —el feroz Machado—, con
tal cual genio. Entonces recuerda el
gobernante que alguien a
quien él dispuso matar, le llamó
ilustre perverso. Echa a correr,
acude al cementerio, abre la
tumba, y rabioso y dementado, el
sacapotras golpea el cadáver del
gran rebelde yaciente, honor
de la patria y de la libertad.
América necesita hombres de la
contextura ética de Martí. Nuestros
conductores de pueblos, por
lo común, no son de pensamiento
integro, de alma Integra, de acción
íntegra. Bastardías,
falacias, latrocinio, crueldades,
en ellos. Irrespetuosos con las
leyes; inescrupulosos con los
bienes del Estado. Se rodean los
politiqueros del Continente, de
dogos y de espías. Pagan el
dolo, la traición, el robo, el
crimen. Se adueñan del mando, con
artimañas, con amaños; saturan
el aire de pólvora y de picardía.
Con sangre apagan su sed, ya por
falta de luces y de cordura, ya
por sobra de malicia. En
recompensa, de Europa reciben
condecoraciones, a voleo. ¡Premios
que ofrece la Civilización a la
Barbarie! El vicio les fascina.
Juegan a los dados; son mujeriegos.
Beben; riñen a tiros.
Comerciantes en tierras, si les
viene en gana venden su patria; y se
meten
al bolsillo, junto con el fajo de
dólares, decoro, soberanía,
porvenir. Todo, todo. ¡Y se ríen con
toda el alma, los monstruos!.
No nos cansemos de pregonarlo:
varones de la talla de Marti, ha
menester, permanentemente,
América, para seguraza del
mañana. Gallardos de corazón.
Diáfanos de ideas. Límpidos en su
vida hogareña y pública. Con una
veintena de republicos de tal
estatura, se harían luminosos
estos nuestros tiempos y la
naturaleza misma estallaría en un
alumbramiento de promesas.
Es conveniente trasladarnos al
pasado. Reconstruir con prolijidad
acontecimientos en el pretérito
que presencio esfuerzos de
resalte, de horas de lanza, de
energía y de Asunción. Ver los
preámbulos: el fermento de ánimos
que antecede a la acometida. En la
guerra de 1868, jefeada
por Céspedes, se inicio una era
de lucha, contra la Corona y los
capitanes generales. Los
sublevados quemaron sus ingenios
y sus zonas de caña. Nueva vida,
para sus hijos. La
metrópoli desatendía el
desarrollo de la cultura. No había
mas que la tolerada por la economía
de los burócratas extranjeros.
Actividad educativa, pues, nula.
Eran abrumadores los impuestos.
El pillaje administrativo llegaba
al exceso. El convenio del Zanjón —
1878— fue una tregua del
movimiento libertador, para
combatir con eficacia el poder
coercitivo de la monarquía. Los
discípulos de José de la Luz
lanzaban sus llamas de decoro. Se
buscaba la estructura de una
democracia capaz de producir un
despertar de espíritu ciudadano. Por
sus cálculos, los
dirigentes semejantes ser, en
punto de detalles, ajedrecistas en
ciencia militar. Ingeniería,
matemática, en los estudios. Los
insurgentes extendían el mapa, e
indicaban un rió, una cumbre,
un escondite en costas
escarpadas. Sorpresas aquí, en
perspectiva. Barricadas allá, en
atisbo
de cualquier revés.
Reorganización de caballerías allí
donde cabía un alarde de centauros,
en la
embestida. Escogimiento de
voluntarios de hierro. Prevenir,
encarar situaciones, hasta en sus
meandros más ocultos. Resistencia
a prueba de
emboscadas y sinsabores. A falta
de triunfo, ni un desmayo. En la
acción, tenacidad. Sobre el
fracaso, el rehacer; sobre
tropiezos, calma, destreza, ingenio.
Ulises y Marte en entendimiento
enjundioso. Y en América toda,
mujeres, chicuelos y ancianos, a
ratos en oración, en ocasiones
en el quehacer. Artesanía
santificadora. Zurcían morrales;
preparaban venda; componían armas;
mientras esposos, hermanos e
hijos, por la emancipación de Cuba,
la adorada, pegaban fuego a
los reductos del opresor, y caían
cubiertos de bendición y de
inmortalidad; o vencían, halagados
por los rompimientos matinales,
del porvenir.
En diciembre de 1894 Martí envió
a Alejandro González a Costa Rica.
Avisaba a Maceo que en
embarcación por arribar cerca de
Limón mandaba armas disfrazadas de
herramientas de
agricultura, cuatro barriles,
tablones para una balsa de
desembarco, y botes; uno de treinta
pies.
El barco cargaba carbón para
veinticinco días y provisiones
abundantes. También hachas para
romper algunas cajas en tierra y
un mapa de la costa sur de Cuba.
En enero de 1895 Antonio Maceo y
Flor Cronbert debían salir de Costa
Rica en el barco
"Amadis" hacia Santiago de Cuba,
con el objeto de invadir la isla. La
expedición marchaba del
puerto de Fernandina, en Florida.
En el barco "Baracoa" iban Serafín
Sánchez y Roloff. En el
"Lagonda", Máximo González y José
Martí. Pero este plan fracasó por la
denuncia y malignidad
de Fernando López de Queralta.
Estaba listo para zarpar el
"Lagonda", rumbo a Centre América,
cuando el Departamento de
Hacienda de Washington ordenó la
detención y registro del vapor.
Intentos fallidos, como se
desprende, que implicaban
doblamiento de trabajo.
Se acercaba el arranque de la
rebeldía. Independencia o muerte, el
dilema. Martí aprontaba lo
necesario, sin tardanza. El
tiempo, breve. Martí veíase obligado
a nuclear la revolución, a ratos
desmigajada. Tenía que descabezar
intrigas con frecuencia. Desdenes de
ánimos
matusalénicos, innoblezas del
adversario, le cercaban. A veces era
conveniente atemperar a los
atribularios. Algunos sujetos
sobrado injustos le acusaban de
sonador. Precise era trasladarse a
todas partes. Pensar a escape.
Cablegrafiar, en clave, al vuelo. Y
darse prisa en el desempeño.
Estar presente allí donde
surgiera una dificultad o una
felonía de cualquier descastado. En
su
taller de almas, no cabían
quietud ni descanso: la obra se
fraccionaba. Dentro de plazos
improrrogables, Martí, sopesando
sus responsabilidades, esforzabase
por imprimirle dinamia,
unidad y eficacia a la
insurgencia en gravidez.
Para hacer el bien, a cada paso
se encuentran dificultades entre los
mismos que van a disfrutar
del beneficio. Se oponen a la
libertad los que dejaran de ser
esclavos. Martí conoció este
encrespamiento de obstáculos,
residuo de ignorancia, de ruindad.
¿No intentaron envenenarle
con falso vino de coco, dos
infelices? ¿No le traicionó
Queralta?
Sarmiento, profundizador de la
sicología de estos países nuestros,
manifestaba que no se
renuncia a la lucha porque en un
pueblo haya millares de hombres
egoístas que sacan de él su
provecho; indiferentes que lo ven
sin interesarse; tímidos que no se
atreven a compartirlo;
corrompidos, en fin, que
conociéndolo, se entregan a el por
inclinación al mal, por depravación;
siempre ha habido en los pueblos
todo esto, y nunca el mal ha
triunfado definitivamente.
En febrero de 1895 estallo la
revolución en Cuba. Los emigrados
principiaron a tornar, en sigilo,
al suelo nativo. Les congregaba
el clarín de la grande hazaña.
Soberbio, aquel regreso de
hombres que llevaban la honra de
su país. Martí remitió a Maceo seis
mil pesos, para que se
embarcara con sus bravos, en una
cáscara o en un Leviatán, pues urgía
su contingente. La isla
estaba en guerra. Martí encareció
abandono de todo; menos de la idea
de subir al tren y mar.
Los ciudadanos residentes en San
José debían bajar a la costa. A
Julio Lassús, cubano
empleado con puesto importante en
la aduana de Puerto Limón, se le
mandaron en tres cajas,
veinticinco equipos.
De antemano Martí aconsejó a
Maceo: "La tarea de Ud. por allá
(Costa Rica), fuera de tener bien
escogido el puerto y los detalles
de llegada de la embarcación, será
tener los hombres
preparados, y sin salir del
trabajo hasta el instante último".
Antonio Maceo y sus hermanos,
Flor Cronbert, Valdez y Rodríguez se
embarcaron hacia Cuba,
Marchaban veinticinco
independizadores.
Revolución que aspira al
bienestar de todos, es revolución
que acendra. Rebeldías de esta
índole germinan en corazones
divinos. Arrancan de cuajo árboles
de crueldad, de iniquidad. Son
arados cuya esteva se adentra,
¡varios codos!, en la tierra; se
quiere gleba nueva y nueva
simiente. La siembra es proficua,
con abono de sangre de mártires. El
planeta siente, en su
entraña, una renovación vital.
¿Quiénes se oponen a estas
agitaciones saludables? De los
redentores,¿cuales abominan? Los
que nacieron para malquerer. Los que
son sombra de una
sombra; garra y demencia.
Demencia de hachas. ¡Picaras hachas!
Bribones! ¡Vergüenza sois de
todas las latitudes, de todas las
razas!
La América que esperamos, —aclara
Reyes, no sin razón—cuando brote de
cada uno, habrá
brotado al mismo tiempo de todos.
La corpulencia del pensamiento
designa un rumbo: unidad varonil
para la vida de la honra.
Revolucionar, —jóvenes
visionarios en crisálida,— es
disponer una sucesión de amaneceres,
en
lo porvenir. Aire, espacio,
patrimonio de destellos, para el
futuro de los que deben heredar, de
sus mayores, recaudos de virtud,
y ejecutorias, muy diáfanas —como el
éter del señorío de los
dioses— de Pundonor.
En el triunfo no improbable, ya
Martí hacia ante sus conciudadanos
juramento de desinterés.
Pasada la guerra, cuando
disfrutaran sus coterráneos de los
atributos de la Republica, el, con
religiosa ansiedad, educaría al
indio, instruiría al guajiro. El
Versos Sencillos -1891,— quería
echar su suerte, "con los pobres
de la tierra". Contestaba: ¡Bajarse
hasta los infelices y alzarlos
en los brazos! En La Edad de Oro
—1889— al igual de Amicis, brindo su
primicia a los niños de
la escuela. El proclamo: "Se han
de reclutar soldados para el
ejercito y maestros para los pobres:
Debe ser obligatorio el servicio
de maestros, como el de soldados: el
que no haya enseñado un
año, que no tenga el derecho a
votar". Rodó afirmaba que
nacionalidad que soñaba Martí era
libertad, era superioridad, era
paz; pero era también inteligencia,
cultura e idealismo. El pensar
rodoniano es exacto, si ahonda la
vida martiana Solemnemente rechazaba
la designación de
presidente de la Republica, como
recompensa: de sus desvelos. Martí,
con probidad, se opuso a
los ofrecimientos. "La patria
necesita sacrificios,
—reflexionaba—. Es ara y
no-pedestal. Se la
sirve, pero no se la toma para
servirse con ella".
Sometíase a disciplinas aceradas.
Se adelantaba, así, a prejuicios y
malquerencia Entraba en la
contienda, libre de pasiones. Su
predica, pues, asentada sobre
rectitud. Sus actos, frondosos de
hombría de bien. Su obra, pulida
por el sufrimiento. En tal fragua se
plasmó su vida procera.
Casqueado de fe. La duda o la
malicia de los otros quizás le
exigió todavía más. Sin embargo, la
posteridad le cobijo con todas
las banderas, y en la misa de
libertad, se levantan plegarias que
reverberan en su memoria. No en
vano la poetisa chilena le compara
con Ezequiel, el profeta
que crepita. Y Ventura García
Calderón le llama el último santo de
la libertad. En Cayo Hueso las
tabaqueras cubanas, para
despedirle, le regalan una cruz de
plata. En ella estaba el sentido de
la vida de Martí.
Once de abril de 1895. Picado
estaba el mar como una catilinaria
de Montalvo. Martí saltó en la
Isla. La noche había contado sus
cuatro primeras horas. Le
acompañaban cinco patriotas.
Avanzaron a pie, con gran carga
de parque, hamacas, medicinas, un
saco con queso y galletas.
Subieron espinares. Atravesaron
ciénagas. Corría un recio temporal.
Caminaban sobre lomas
resbaladizas y pendientes de
breñas. De pronto, encontraron
hermanos. Encendieron hachones.
A la luz de aquel fuego, a
distancia, ellos se veían igual a
mosquillos en pecho de hombre. Ríos
a la cintura; jolongo al hombre;
revolver y machete al costad Dormía
en cuevas, en los montes
de Baracoa; o encuclillados, al
abrigo de árboles. De almohada, la
capa de hule. Comían
plátanos asados, frutas, miel de
abeja; a veces, gallina entonada.
Para almorzar, volcaban un
taburete y se sentaban dos
revolucionarios. Edifican hermandad.
Martí lucía su traje de guerra.
Es decir, sus ropas de fiesta.
Pantalón y chamarreta azul, sombrero
negro y alpargatas. En
ranches de yaguas él curaba al
herido y enfermo, cuando había
tregua en la pelea. Antonio
Maceo y Flor Cronbert y Cebreco
iban adelante. Desembarcaron el
primero de abril. A las dos
horas de estar en tierra,
combatieron con bravura, en la
manigua, y diezmaron las filas
contrarias. En los fines de ese
mes, Flor cayó atravesado de un
balazo en el pecho. Capitán
general de Cuba era Arsenio
Martín Campos.
Martí, entrañado con su destino,
le tomo el pulso a la Hora.
Nos imaginamos este dialogo,
esculpido en llama:
— Marchemos a la victoria
compatriotas.
Y los soldados:
— Tú a la gloria, Martí.
Y placentero:
— Vamos a morir.
El Maestro, prodigioso de visión:
— Para vivir.
En efecto, en el crisol de la
muerte se funde la Inmortalidad.
El 19 de mayo, en Dos Ríos, cesó
la latir el corazón de José Martí.
Bala española segó sus días.
Poco antes había hablado a los
defensores de su patria, en Vuelta
Grande. Le acompañaban
Máximo Gómez y Bartolomé Masó,
"Quiero que conste —fueron su
palabra— que por la causa
de Cuba me dejó clavar en la
cruz. Expiro en la vecindad de un
matoja. Casi en brazos del joven
Ángel de la Guardia, a unos
veinte metros de las tropas
enemigas, comandadas por Ximenez de
Sandoval. Al morir tenía las
pupilas azules... Bordeaba los
cuarenta y dos años. Otro grande de
América, Bolívar, al desaparecer
frisaba con los cuarenta y siete.
En pasaje espumado de una crónica
colonial, se cuenta que un rayo, al
caer sobre una ermita,
en el frenesí eléctrico fundió la
cruz que se levantaba en sus más
erguida torre, dejando intacto,
con pasmo del villorrio, el
soporte de madera. ¿Por eso termino
el signo de hierro? Sí para el ojo
terreno. Afirmativa es la
respuesta del que considera
imprescindible lo que se palpa. Sin
embargo, la cruz continúa girando
en el Cosmos, en la perennidad del
arrebato. Martí,
sacrificado en el estrépito de
una porfía, sigue revibrando en el
hondón de los siglos.
Aquella muerte, como haz de
truenos, perduró en los imperios del
dolor. Seguramente se
ocultaron las estrellas cual si
los Ángeles las hubiesen recogido
con bolsa de cazar mariposas,
para recibir, en plenilunio de
dulzura, al cruzado que llegaba,
hecho poema, de la Tierra. Subió a
Dios por la compasión y por el
sufrimiento, expreso la voz
rubénica.
Héroes y propulsores de mucha
nota, voluntades cimeras, sin duda,
condujeron a su culminación
la autonomía de Cuba, pero solo
Martí, de estirpe atlántica, en el
prodigio del designio, fue el
genio de la gesta heroica. El
tenia a su cuidado esta cosa
maravillosas: El destine de su
pueblo.
Él asumía las responsabilidades
de la Hora. Sustancia de los
anhelos, jugo de las ideas, en
Martí. La Madre América, en su
corazón. En el espíritu había
trasfundido savia del Continente;
trasmutando alientos de la raza.
Espejo ustorio que reconcentro rayos
del patriotismo suficiente a
reducir a pavesas una nave de
esclavitud. Apretujado de ordinario
por urgencias del instante,
supo de arideces de la brega. Sin
embargo, al cabo dificultades y
agresiones se curvaron a sus
plantas. Estaba escrito. Algo
estelar, dentro de Martí, le hizo
triunfar de tanta ceguedad. Ese algo
que impone un ritmo a la vida,
que orienta el proceso de la humana
especie, que gobierna el
impulse de las esferas.
Con el transcurso de las décadas,
la figura de Martí alcanza mayor
magnificencia, hasta donde
se remontan las líneas y
parábolas de la superioridad humana.
Magno, el Mago. En él se aúnan
valor inteligencia, estudio,
pureza. Para el negro tiene palabra
balsámica; al indio quiere
alfabetizarle, estimularle en la
vorágine de la civilización; al
oprimido, exprimido y deprimido, da
su pluma, su verbo, su brazo.
Idea obsesora mantiene sus
entusiasmos, atiza la hornilla de
sus
afanes. y entolda, en horas de
ardor y de aspereza, con palmas, con
palmas sonreídas de
viento, la avenida de su
ansiedad. Desea la independencia de
su país. La Isla con alas.
Fomenta, a su vez, la autonomía
de Puerto Rico. En su oportunidad,
las Antillas menores serán
libres. Es patriota; pero es ante
todo americanista. No aconseja la
anexión de Cuba a la
Hermana Mayor. Los pueblos de
América son mas libres y prósperos
—expone— a medida que
más se apartan de los Estados
Unidos. Predica sin descanso su
Inquietud, que es propósito de
sus compatriotas. Debe irradiar
en su plenitud, el sueño libertario.
En la vida, el pecho ancho. En
prosa desmelenada propaga su
doctrina; en frase de sol, la
pregona Ambula de pueblo en
pueblo. Le oyen Norte América,
México, —fue en esa tierra tan amada
como el para ella
amante,— Costa Rica, Guatemala,—
robusta y próspera,— Santo Domingo
Venezuela,— urna
de glorias,— Panamá. A golpe de
palabra y a fuego de idea se abre
campo al decir de Darío. No
turba con actos ni impresiones la
paz del pueblo que le acoge. En los
Estados Unidos organiza
centres. La colonia cubana
—animadora de fábricas y talleres—
contribuye a la causa. Es cónsul
de la Argentina, del Uruguay, del
Paraguay, en Nueva York Y continua
en su campana. Y
renuncia a estas posiciones,
cuando el deber se lo prescribe. La
obra esta en gestión. Los
bronces que agita Martí en
América resuenan en su Cuba.
"Libertad, libertad. Los que te
tienen,
¡oh, libertad!, No te conocen —
expresa el Apóstol—; los que no te
tienen, no deben hablar de ti,
sino conquistarte".
La revolución nació a fulgor de
sonrisa. Fue florón de luz, en
cumbres de la conciencia La
revolución, alzada sobre
corazones, avanzó a ojos vista, con
aplauso de las fuerzas cumbres de
América. Un ideal embellece una
época. Impregnada del movimiento
cívico queda la edad. A su
tiempo, los machetes
relampaguearon de justicia; las
rancherías vistiéndose de oriflamas;
de los
bosques salieron libertadores, de
cabellera selvosa, barba al pecho,
ufano el porte. Batalladores
de redención. Les concitaba una
voz de bien. Vibro Cuba, al unísono.
En los estribos, el pie del
guerrero.
Un incendio de comunes
aspiraciones cubrió de lampos de
Isla.
Heroicidad y fiesta, en la Era
epopéyico.
¡Rugidos, en la Antilla!
Cuba, a la postre, resultó
pequeña para la obra de Martí.
Independizador que pidió espíritus
en
apoyo de su empresa; que desde el
ostracismo echaba a volar un beso
que llevase el mensaje
de su fe a las mentes
comprensivas del mundo; que
reventaba en rosas para e hermano
pobre,
descalzo y bueno; todo aroma en
el querer y todo llama en el
realizar, que supo morir en la
demanda con la fidelidad de sus
principios, y vivir, por siempre, en
el troqué —diamante y
maravilla— de su probidad; Tiene
por pena el regazo americano; por
dosel, la infinitud de los
espacios.
José Martí —Llegaba apenas al
linde de los dieciocho años—durante
su prisión impuesta por el
gobierno que regía en su tierra,
arrastro grilletes. De estos, su
madre hizo construir una sortija de
hierro —de hierro era el
recuerdo— que conservó Martí hasta
su último segundo, en Dos Ríos.
El anillo, que representaba
esclavitud, en la sombra y en la
sangre del régimen que se
gallardeaba en la Isla, a la
muerte del Libertador se transformo,
al mandato del conjuro, en leve y
dilatado aro con alas que elevo a
Martí vestido de gloria, a alturas
de Armonía, de Silencio y de
Serenidad.
¡Luz eres, y en luz habrás de
convertirte!
En la capital azteca, según
ultimas referencias, Martíhizo la
traducción de Mis Hijos de Víctor
Hugo, publicada en México —1875—
en la "Revista Universal". También
Misterio, novela de H.
Conway, 1886, en Nueva York.
Nociones de lógica, por W Stanley
Jevons y Ramona, novela de
Hellen Hunt Jackson, 1888, New
York. D. Apoleton & Cia, editores
______________
1) En la capital azteca, según
ultimas referencias, Martíhizo la
traducción de Mis Hijos de Víctor
Hugo, publicada en México —1875—
en la "Revista Universal". También
Misterio, novela de H.
Conway, 1886, en Nueva York.
Nociones de lógica, por W Stanley
Jevons y Ramona, novela de
Hellen Hunt Jackson, 1888, New
York. D. Apoleton & Cia, editores.
José Martí, Escritor
Roberto Brenes Mesén
Prologo a la edición de los
Versos de Martí, Colección Ariel,
García Monge editor (San José,
Costa Rica, 1914).
Roberto Brenes Mesén (1874-1947),
nace en San José. Recibe su diploma
de "Maestro Normal"
en 1892. Parte a Chile en 1897
donde ingresa al Instituto
Pedagógico de Santiago. Inicia
estudios de filología, sicología,
pedagogía y latín. Por esta época
mantiene relaciones epistolares
con Darío. De regreso a Costa
Rica se desempeña como profesor en
varias instituciones e inicia
labores periodísticas. Fue
secretario de Instrucción Pública,
embajador de Costa Rica en
Washington y profesor de español
en instituciones universitarias en
ese país. Entre sus obras
destacan: Gramática histórica y
lógica de la lengua castellana, La
Voluntad en los
microorganismos, folleto de
Critica Religiosa: Piedra de
Escándalo y la Solicitación. Con su
obra
se inicia el modernismo en Costa
Rica. Declarado Benemérito de la
Patria.
Héroe, quede para un Plutarco,
para un Gracian, para un Carlyle de
Hispano América.
Poeta, venga a mí porque así le
amo; porque cada poesía suya es
palmera en flor y árbol de
sándalo para los bosques de mi
alma; porque es despenado torrente
de sierra su niagarada
elocuencia; porque es plata de
manantial en valle, bajo el rumor
del álamo, la voz de su Piérides
encantada; porqué un genio bello,
en arreos de arcángel, guarda a la
puerta del edén de su alto
Meru, sagrado y sellado para pies
profanos, la entrada a los más; y a
poder de impetrar y de
imprecar, benigno me ha sonreído
el genio y me ha conducido hasta la
fragua de oro, en donde
a luz y a ritmo, elaboro Martí la
forja de su gloria.
Poeta, venga a mí, porque fue oda
a la libertad su vida, y canto
heroico su morir en campos de
batalla. Amó el galope de
relámpagos de su pensamiento, y la
glorieta galante de su amor en el
jardín de sus reposos.
Y cómo así le admiro y así le
amó, así le estudió.
I
Ha corrido fogosa, dolorosa,
angustiosamente su existencia
amarrada con los eslabones de
bronce de su poderosa voluntad, a
las crines rutilantes de un Ideal en
fuga. No vuela una tarde
junto a Martí sin regar desde su
altura un trinar de esperanza en la
redención de la Isla. La vida
suya, como la magnética aguja,
solo se inclina, con los brazos
abiertos, hacia una palma, sobre
la palma, hacia una estrella y
sobre la estrella, hacia su cielo.
Como el tallo del banano, todo
saturado de agua, así el alma de
Martí, toda saturada de patria, como
de un perfume divino que
pervade cuanto pensamiento
reverdece en su mente y cuanta
palabra enflora sus labios. Por
donde quiera —que no sea la
patria— es pálido el cielo y turbio
el mar, y sin rumor la playa, y sin
majestad la palma. Solo el hombre
es su hermano en todos los sitios
del mundo. Solo son bellas,
sobre el orbe de la tierra, la
Humanidad y la libertad. No es como
la Venus de Milo, manco su
Ideal. Abraza, madreselva en
olorosa flor, a Cuba, y a la
América, y al mundo. Su abrazo es de
amor para su patria porque "solo
las flores del paterno prado —tienen
olor! Sólo las ceibas
patrias—del sol amparan!"
("Hierro" en Versos Libres). ¡Su
amor no es para mujer. "Oh verso
amigo, —muero de soledad!, de
amor me muero!— No de amor de mujer;
estos amores—
envenenan y ofuscan... Es de
inefable —amor del que yo muero, del
muy dulce— menester de
llevar, como se lleva —un niño
tierno en las cuidosas manos,
—cuánto de bello y triste ven mis
ojos". (Id. Id.) Es Martí
galante; para él, fragante y
encendida rosa de premio y laurel de
triunfo,
es una frase de mujer. De
Heredia, dice: "Cuando pasa él, las
cabezas hermosas se juntan y
dicen bajo, como él más dulce de
los premios: ¡Ese es Heredia!". Ese
es, para el amor, ¡Martí!
"Se de brazos robustos —blandos,
fragantes;— y se que cuando
envuelven —el cuello frágil,—
mi cuerpo, como rosa —besada, se
abre— y en su propio perfume
—lánguido exhalase". Hay un
temblar de plumas en las
despiertas aves de su alma. Pero
váyanse los brazos fragantes para
que inocentes brazos de lino
encollaren su cuello: "Lejanos de mi
por siempre,—brazos
fragantes!" Las ascuas de lo
heroico purifican el alma donde se
encienden. Cuando, como
llamas de incendio, se levanta en
nuestro pecho un grande y luminoso
amor de patria, gloria, o
ideal, fúndense los metales
ruines de los amores sin alas. Así
Martí; por unos infantiles brazos
Males deja los redondos,
fragantes brazos, y porque aten la
armoniosa torre de su cuello brazos
de patria en libertad, él deja en
el azul de la bandera la luz de sus
ojos; y entre las canas
quejosas, el acento de su voz; y
en las aguas del rió, sangre de su
vida.
Invisible casco de luz, cayéndole
de lo alto de supremo entendimiento,
le apoloniza el rostro y su
viril belleza enciende y lanza
saetas de amor. Martí llega, os
habla y le admiráis. Pero mujer que
adora es, a veces, trasfiguración
tan sólo de mujer que admira. Puesto
que muchas le admiraron
no podríais pensar que pocas le
amaron. Más él lleva embridada la
majestad de su amor por
entre avenidas de ennoviados,
virginales azahares, bajo la mirada
casta del monacal respeto.
Busca, sin cruel anhelo, amor en
la mujer, "porque el es la fuerza de
la vida y su única raíz";
Porque cordial aplauso de
inteligente dama es corona de laurel
sobre las sienes; si de mujer que
ama, reventar de besos en los
labios, como en la playa espumas.
Ama y nos lo dice: la
trasfiguración del mundo amor la
engendra; si os pinta trasfigurado
el
mundo es que ama y callándooslo
conviértase el Universo en arpa y en
salterio para loar su
amor. Allí esta la maravilla del
arte: la emoción sube cantando hasta
el atalaya del alma, y
señoreando los horizontes de
vuestra vida, se calla su nombre:
siervos sois sin conocer al amo!
Leed la pieza XVII de Versos
Sencillos: es prodigio tallado en
jacinto, por su doble refracción de
la luz. Todo es Eva, os dice:
pangineismo inspirado en el amor,
que en la Naturaleza, como
disuelto, halla el objeto amado.
Y su pecho, grande, quiere
hacerlo más vasto para recibir en el
más hondas heridas, porque
entonces serán más hermosos sus
cantos. "Pero guardaos de decir mal
de mujer, Denostad al
tirano, vejad el error: no digáis
mal de mujer, aunque muráis de su
mordida" (Pieza XXXVIII,
Versos Sencillos).
Abrid para los ojos del alma de
Martí el bazar de la más bella
joyería; poned en urnas joyas del
corazón, y reliquias de la
memoria, y camafeos en ópalos de en
sueno: su certera mirada elegirá
la mejor: la mano amiga de un
amigo sincero. (Pieza I, Versos
Sencillos). Por encima del amor,
la amistad, que es de oro más
puro que el amor. 'Tiene en los
montes su abrigo el leopardo y la
mushmé su cojín de arce del
Japón, tiene el conde su abolengo y
fontana en su jardín el
presidente: Marti tiene un amigo"
(Pieza XLIV, Versos Sencillos).
Cultiva la blanca rosa para el
amigo franco y para el cruel que
le atosiga el corazón, cultiva la
rosa blanca (Pieza XXXDC,
Versos Sencillos).
¡En donde hallaréis alma mejor?
Rosas para el amigo, para el
adversario rosas; rosas para él,
porque nos cine, con valladar de
zarzas, el sereno y oculto sendero
hacia lo alto. Él sabe, porque
lo tiene visto, que el águila
herida tranquila se remonta al cielo
mientras la víbora, en el cubil, de
su propio veneno muere. (Pieza I,
Versos Sencillos).
¡Ni le habléis de penas! Mientras
haya montes que escalar y no haya
purificada el fuego lo que
puro tiene de ser, no le habléis
de sus penas! la servidumbre del
hombre es la gran pena del
mundo! Y este inmenso amor del
hombre cubre el abierto horizonte de
su vida, como descogida
cauda de cometa, y le pone
triste, cuando tras el ensueño de su
hijo, cruza las roncas aguas del
mar, porque en los mares que
nadie puede derramar su sangre; los
cielos y los mares ya no
tienen esclavos.
De las ricas y nobles canteras de
su alma, parte el oro de un
sentimiento de amor para todos los
seres humanos y cava en las vetas
de diamante para verter sus
fulgurantes aguas en las
inteligencias humanas. No hay un
solo generoso sentimiento que no
haya encontrado vibrante su
corazón, como una cuerda de lira;
al que no haya prestado su lengua la
más noble expresión.
Rayo de sol, un rasgo heroico se
le entra por los ojos hasta el
manantial de las lagrimas. "Un
anciano de setenta y tres anos,
que ya había peleado por su patria
diez, vino a decirme: Quiero
irme a la guerra con mis tres
hijos. La vida seca las lagrimas;
Pero aquella vez me corrieron sin
miedo de los ojos". Es que para
el oído de Martí, el gentilísimo
timbre de lo heroico tiene el
mismo dulcísimo timbre del amor
de la patria. "Nosotros, —dice—no
sabemos si es bella la vida.
Nosotros no sabemos si él sueño
es tranquilo. “Nosotros solo sabemos
sacarnos de un solo
vuelco el corazón del pecho
inútil, y ponerlo a que lo guié, a
que lo aflija, a que lo muerda, a
que
lo desconozca la patria!" Es en
ese pecho estrellado, tan hondo su
afecto por la patria que para
hablar de ella quisiera hacer de
las palabras entrañas. "¿Con qué
palabras, que no sean
nuestras propias entrañas,
podremos ofrecer otra vez a la
patria afligida nuestro amor, y
decir
adiós, adiós hasta mañana, a las
sombras ilustres que pueblan el aire
que esta ungiendo esta
noche nuestras cabezas?" Un gran
pintor, para modelo de un dios, le
pide el hijo: "Para eso ¡no!
¡Para ir, patria, a servirte los
dos!... ¡Hijo, por la luz natal!
Hijo,! Por el pabellón!... Vamos,
pues,
hijo viril: —vamos los dos: si yo
muero, — me besas: Si tú...
¡prefiero— verte muerto a verte
vil!"
Y cuando con aldabón de plata
sonora vienen a llamar a su puerta
los honores, el no piensa en
lo grande de la honra, ni en la
mujer que le adora: él piensa en el
humilde artillero, en el soldado,
en el obrero, piensa en la tumba
desierta.
Su ideal inmediato es la
liberación de un pueblo; con eso
suena, por eso trabaja, habla,
escribe,
batalla; por eso también muere.
Ningún caballero mas hidalgo, ningún
soldado mas resuelto,
ningún orador más elocuente,
ningún poeta que mejor haya vivido
la noble vida de su poesía
heroica. Canta el amor de la
patria, pero a ella le consagra la
vida; celebra los mas nombres
sentimientos, pero con ellos ha
construido el marco de su
existencia. Martí no escribe poesía,
es
poeta Martí: piensa, siente, vive
poeta.
Recorro a mi sabor toda la
extensión de su alma. Allí encuentro
las montañas como pliegues del
manto colosal que un gran dios,
remontándose al Empíreo, dejó sobre
la tierra; allí la estrofa se
columpia en la mar o sube, como
virgen con su cesto de rosas, por
escala tallada en arpegios,
hacia la nube flotante; allí esta
sonriente, la admiración, tejiendo
coronas para los triunfos
sagrados; allí la amistad,
enjugando el llanto del amor; allí
la elocuencia encendiendo el fuego
divino en el altar de la patria;
y todo esta en claridad y en día,
porque no existe en esa alma,
vasta para contener montañas y
tempestades de mar, un solo rincón
sombrío, ni taciturna
venganza, ni odio con mirar de
soslayo. Todo franco, todo del fino
acero del valor heroico; sí
delicado, como de piel de rosas.
El torrente del amor,
despenándose en cascadas sucesivas
sobre su alma, la dejo empapada,
como para una gran siembra de
laureles y de olivos, como para una
ideal cosecha de inmortales
flores. Solo no amó el amarillo
rey de los hombres: "Yo he visto el
oro hecho tierra—barbullando
en la redoma—prefiero estar en la
sierra—cuando vuela una paloma". Y
dísele al hijo: "Más si
amar piensas— el amarillo—rey de
los hombre,—¡muere conmigo!— ¿Vivir
impuro?— ¡No vivas
hijo!” Y pensar que su elocuencia
de fuego, fundiendo áureas vetas
avaras, troquelaba todo el
oro necesario para fletar de
pechos y pertrechos los barcos de la
revolución!
Pero amó demasiado la libertad
del alma, para comprometerla en un
concubinato con el oro. "La
libertad —dice— pone alas a la
ostra". "Levantaos, poetas, porque
vosotros sois los sacerdotes.
La libertad es la religión
definitiva. Y la poesía de la
libertad, el culto nuevo. Ella
aquieta y
hermosea lo presente, deduce e
ilumina lo futuro y explica el
propósito inefable y la seductora
bondad del Universo.
Como todo gran poeta, mondando
las cosas de la tierra ha
descubierto, como en el cuarzo el
oro, lo espiritual imperecedero.
"Y el poeta esencial y absoluto
—dice— en la visión de la
espiritualidad superior, padece
suavemente, como la mirra del
incensario, y se da al aire repleto
de vida, a que lo lleve."
Como gran poeta, el también
intuyo la honda significación del
dolor y dice: "Cada pena trae su
haz, con qué se nutre la hoguera
de la fe en lo espiritual y
venturoso de la vida culminante del
Universo, adonde todo asciende
por la prueba, y de que es esta vida
mere retazo y áspero
preparativo..." "Porque el que
renuncia así, y se doma, entra desde
esta vida en un goce de
majestad y divino albedrío, por
donde el espíritu, enlaza con el
Universo, pierde la noción y el
apetito de la muerte".
Esta noble vida de Martí por la
tierra cruzó cargada de aromas, como
de especias y de resinas
del Oriente las viejas naves
portuguesas, para quemar en homenaje
teúrgico a los divinos
hombres. Porque él concibió el
Homagno, el Homo Magnus, el
Superhombre, el gran visionario
que trasciende todas las cosas,
todas las formas, todas las épocas.
La bella y colosal cabeza de
la Creación la toma en sus
corpulentas manos y la interroga
acerca de sus grandes misterios.
Pero es su espíritu el que
interroga al Numen celestial, de
ojos de sol y respiración de océano.
No es la forma humana la que
levanta su palabra, como no es el
aljibe el que refleja y canta, sino
el agua del fondo, el espíritu
eterno, el habitante celeste en la
mansión de carne, el remero divino
dentro de la efímera barca,
singlarte por el rió hacia el mar.
Homagno pregunta a la Creación y la
respuesta, anclada en un puerto
de silencio, no llega; el sol se
ciñe con lentitud la banda
luminosa del zodiaco y la
Creación, como dormida bajo un cielo
de maravillas, no murmura con
sus mil lenguas de prodigio la
respuesta: la bella durmiente solo
contesta en la soledad de la
cámara mas recóndita del escorial
del corazón.
Cuan portentosa visión la de
Martí: clavo su Homagno de
prometeica majestad sobre una roca
que no mide mas allá de ochenta
versos. Toda la evolución os la da
en una solo: "Pez que en
ave y corcel y hombre se torna" y
en otro os da todo el martirologio
de los grandes: 'Todo el que
lleva luz se queda solo". Grande
el mismo, pidió a su madre y el yugo
para, empinándose
encima, lucir sobre mas alta
frente los resplandores de su
estrella.
II
"Cosas divinas dicen los poetas,
pero no saben lo que dicen", es la
bellísima expresión platónica
para describir ese lanzarse de
cumbre de la mente del poeta en
frenesí a la región en donde
flota, simiente rubia, el
pensamiento excelso destinado a
nutrir almas dilectas. Hay un mundo
olímpico, de luz elíseo, adonde
los numero, amorosos de los hombres,
descienden para
conversar con las mentes humanas,
por escala de inspiración llegadas a
tan limpia altura. Ellos
son, por eso, los portadores de
la luz celeste entre los hombres;
son ellos los sembradores de la
simiente rubia que enflora de
belleza el campo donde la humanidad
se agita. Pero hay poetas
que saben lo que dicen, porque
parece que guardaran, como reflejo
ondeante sobre las aguas
de la mente, memoria de aquel
rapto, de deslumbrante amarillo,
como un recuerdo de bambú.
De tales poetas fue Martí. Miró
la visión pasar y la emoción soltó
sobre aquel noble pecho, su
temblorosa cabellera de color de
cana; Martí no se dejó vencer. De su
mirar la sutil sonda bajo
hasta el fondo de los ojos de la
emoción temblorosa y le descubrió el
encanto; con el se
entretejió su estética.
No hay una estética; cada alma de
artista posee la suya construida
sobre las mismas bases de
su personal filosofía, cuando en
el artista, como en Martí, conjugase
la fantasía con un exquisito
discernimiento de proporción y de
euritmia. Como en la constelación de
Andrómeda, cerniase en
el alma de Martí una estrella
doble: su fantasía y su don de
síntesis, girando, como subyugados,
entorno de su espiritualismo
uranio.
Si para Argensola tan solo fueron
las del amor las glorias ciertas,
para Martí "no hay más gloria
cierta que la del alma que esta
contenta de sí". "Un sentimiento
como de familia, —dice— vago y
feliz, y una claridad excelsa y
tenue, suceden a la duda
rudimentaria, el pueril descontento,
o la
satánica turbulencia: se va por
entre voces, luces e himnos: como
los lirios del campo se abren,
a un sol invisible, el espíritu
enajenado; y a los acordes,
espontáneos y continuos, de la lira
universal, ora graves y lentos,
ora estridentes y retemblando de
pavor, pasan, exhalando alma,
los ordenes del mundo". Y cita
con deleite estas frases de Walt
Whitman: "Vosotros sois los
primeros, dice a los científicos;
pero la ciencia no es más que un
departamento de mi morada, no
es toda mi morada; ¡qué pobres
parecen las argucias ante un hecho
heroico! A la ciencia, salve,
y salve al alma, que esta por
sobre todo la ciencia". Y del poeta
Sellen, con opulento encomio
cita: "Cree Sellen en
Preexistencia, poesía famosa ya en
castellano y en inglés, que en otra
vida,
que no sabe cuál fuese, ensayo
esto: la palabra es inútil para
explicar lo que solo se percibe con
el alma". Y siempre refiriéndose
a Sellen, escribe: "Plumas de ave,
del paraíso tienen sus
estrofas, cuando canta el
universo permanente y radioso". "En
todo existe un alma": "La nota de
una canción olvidada revela al
alma su existencia anterior". "La
vida va del Sol al átomo, y del
hombre a la estrella". Es vida
todo, y luz, y movimiento" Mirad
como distingue la mente
instrumental del espíritu
inspirador, que, como globo cautivo,
se cierne en las alturas, atado por
un hilo a las manos del hombre en
la tierra: "Lo que se deja para
después es perdido en poesía,
puesto que en lo poético no es el
entendimiento lo principal, ni la
memoria, sino cierto estado de
espíritu confuso y tempestuoso,
en que la mente funciona de mero
auxiliar, poniendo y quitando,
hasta que quepa en música, lo que
viene de fuera de ella."
Martí ha puesto el oído atento en
la tierra y en la roca, en el árbol
y en el mar, y escuchó las
palpitaciones del corazón de la
vida en la tierra y la roca, en el
árbol y el mar. Por eso las cosas,
en su presencia, se animan.
Algunas con terrible majestad, como
esta: "Piafaba aún, cubierto de
espuma, el Continente, flamígero
el ojo y palpitantes los ijares, de
la carrera en que habían
paseado el estandarte del sol San
Martín y Bolívar: ¡entre en la mar
el caballo libertador, y eche
de Cuba, de una pechada, al
déspota mal seguro!" En otra parte:
"Desbocara el verso, o lo
tremolara, o lo plegara al asta."
Mas lejos: "No es él, no, de los que
echan a andar un
pensamiento pordiosero, que va
tropezando y arrastrando bajo la
opulencia visible de sus
vestiduras regias." Allí donde
cae el mediodía de su mirada allí se
levantan, sonantes, las
palmas de Cuba, o se yergue, de
entre las piedras, la indiada, o
piafa, espumando, el palafrén
retinto, o parten, raudos, los
cuatro lebreles de una ágil estrofa
tras la saltante gacela de una
idea.
El Arte suyo es demiúrgico,
porque cuando ha tallado en la
cantera los cuerpos les infunde,
como si fuese un Elohim, aliento
de vida y trascendente espíritu.
Aquí esta el secreto de la
grandeza literaria de Martí. El
otro secreto es su horror del lugar
común. Su talento es de
elección, con plumaje de cóndor
andino en las alas. Baja de tarde en
tarde, como para espantar
la presa, porque como sabe
nutrirse de sol, planeando al nivel
de las cumbres, se hace una
existencia feliz. Y rara vez
desciende al valle, como por temor
del légamo.
Fijad con bruñido garfio delante
de vuestra mente percha de la que
cuelguen cuatro faisanes
emocionados, en espera de muerte;
tal es la estrofa de un canto de
amor en Martí; poned cuatro
quetzales bravíos, prontos a
levantar el vuelo y esos serán
cuatro versos remontándose a la
libertad eximia. Faisanes y
quetzales, aves del paraíso y aves
liras: en sus jardines encontrareis
todo eso, exquisito y nuevo;
"Todo esta dicho ya -afirma- pero
las cosas, cada vez que son
sinceras, son nuevas." Y fue su
sinceridad la de su pecho y la de su
lengua, al servicio de una
mente valerosa. Porque hay torvo
arranque de valor en despedazar la
cadena de una vulgar
asociación de ideas para
construir con los rotos eslabones,
pulidos y áureos, joya de
pensamiento nuevo, con novedad de
la mujer amada que en su cuerpo
estrena un traje o
trasparente sentimiento en su
alma. Tiene Martí el valor del
cambio; de allí su frescura de
selva;
su poder de animación de las
cosas, su novedad de expresión.
"Para Heredia" —dice— "la
abogacía mana oro". "Ha desmayado
luego y aun hay quien cuente, donde
no se anda al sol,
que va a desaparecer." ¿Lo veis?
No os da el lugar común, os dice,
"donde no se anda al sol."
Su conocimiento de los clásicos
hispanos le da el atrevimiento de
sus trasposiciones: "¿Son
éstas qué lo envuelven —carnes o
nácares?" "Mira estas dos, que con
dolor te brindo— insignias
de la vida." "Aquella que me
dieron, —de oro brillante— pluma a
marcar nacida—frente,
infames."
La elipsis en manos de Martí es
palanca poderosa: hacer saltar el
verbo, pero también otras
palabras. Cercena en una frase un
sustantivo o una preposición o la
conjunción y monta, al aire,
dos fragmentos de la sentencia
que le resulta nueva y clara, sin
embargo: "Más si amar piensas
— el amarillo— rey de los hombre
—¡muere conmigo! — ,¿Vivir impuro?—
No vivas,!Hijo!" No
hay conjunciones ilativas, ni
causales, ni finales. Ve
directamente las conclusiones, las
ideas
enlazadas intrínsecamente, pero
sin ligaduras externas. Cuando
nosotros columbramos la
relación de causa o finalidad u
otra cualquiera entre dos miembros
de un pensamiento, al punto
les echamos las esposas de una
conjunción, para exhibirlos atados
No así Martí. Por eso hay
firmeza y brevedad en su frase.
La conjunción embisagra dos
sentencias dándoles flexibilidad y
robándoles novedad, encanto o
fuerza. "Rasgarse el pecho —vaciar
su sangre— y andar, andar
heridos, —muy largo el
valle,—roto el cuerpo en harapos."
"Al viajero del cielo —¿qué el mundo
frágil? O da un salto a los
preclásicos: !Mis ojos los mis
claros ojos". Y torna al clasicismo:
"Surjan —donde mis brazos, alas".
"Amó las sonoridades difíciles",
afirma. "Recortar versos,
también sé, pero no quiero...
cada inspiración trae su lenguaje".
Y forja la imagen y vacía la
palabra también: "Homagno",
"sensuoso" "perfumoso."
Por donde quiera el valor heroico
del cambio que reclama, para
cumplirse, ¡sabiduría¡ En los
escritores, el miedo del cambio,
como en las amantes flageladas,
inspira constancia, la pérfida
constancia del estilo que se
convierte en tumba de indio con unas
mismas ágatas; Unas mismas
obsidianas, una mismas hachas y
una mismas flechas. !Alto el miedo!
Y llamemos a consejo la
sabiduría y el buen gusto, que
ambos pusieron, para hacer bellísimo
el estilo de Martí, rutilación
de gemas y canción de mar, ecoada
en palmas.
Pensad, vosotros, los que vais a
leerle en las siguientes páginas,
que subís a la Acrópolis de
Cuba. Allá abajo, en los
Propileos, habréis visto otros
hermosos poetas coronados por la
vírgenes amadas de los hombres;
subid a la armoniosa Acrópolis y le
hallareis a el, al poeta José
Martí, laureado por los dioses
mismos.
Releyendo el espistolario de José
Martí
Octavio Jiménez Alpízar
Es una de las "Estampas"
publicadas en "Repertorio
Americano", (1933,26 (19): 297-293,
20 de
mayo).
Octavio Jiménez Alpizar
(1898-1979) nace en Guadalupe, San
José. Abogado y notario.
Macaulay decía que para ser buen
abogado se necesitaba: Viveza de
imaginación, tacto,
ingenio, sutileza, elocuencia,
trato de gente, y estas cualidades
están en sus escritos firmados
con el seudónimo de Juan del
Camino con el que escribid en
"Repertorio Americano" su serie de
ensayos Estampas. Publico en 1918
Las cocínelas del rosal.
Marca de arcángel le puso el
mundo a José Martí. Fue el suyo paso
de arcángel por esta
América que estudio y amo para
salvarla, decoro y libertad. “Ya
estoy todos los días en peligro
de dar mi vida por mi pías y por
mi deber —puesto que lo entiendo y
tengo ánimos con qué
realizarlo— de impedir a tiempo
con la independencia de Cuba que se
extiendan por las Antillas
los Estados Unidos, y caigan, con
esa fuerza mas, sobre nuestras
tierras de América. Cuanto
hice hasta hoy y haré es para
eso". Y al día siguiente, 19 de mayo
de 1895, muere Martí en una
terrible acometida contra las
fuerzas esclavizadotas. Muere Martí
el arcángel de carne y hueso
que no tuvo reposo, porque fue de
los americanos edificadores.
Sus cortos días de campaña sobre
campos cubanos dicen al meditador
que su grandeza es
diferente a la del hombre. El que
organizó la empresa enorme de la
Revolución pudo haber
buscado alero de seguridad. Pero
habría sido prisión y vergüenza. No
organizó de afuera sino
sacándose de su entraña fuerte la
obra de redención. Necesitaba ir con
ella a Cuba y enseñarle
el suelo de la patria en agonía.
De la mano la llevo como guía y
batallador. La puso en campo
suyo para que creciera y
libertara. Días majestuosos de
campaña. ¿Qué meditador lee los
relates de Martí contenidos en su
epistolario y no siente la presencia
del arcángel? Luz que
ilumina la batalla, una batalla
de hombres feroces y sangrientos. De
ella participa Martí. A eso
vino. Martí no se vuelve salvaje.
Pide puestos para hacer blanco sobre
gente enemiga. Y se
pregunta: "¿Cómo no me inspira
horror la mancha de sangre que hay
en el camino, ni la sangre
a medio secar de una cabeza que
ya esta medio enterrada, en la
cartera que le puso de
almohada un jinete nuestro?"
Llevaba de la mano la empresa de la
Revolución y no
ensangrentarse seria acabar con
la empresa grande. Se ensangrentó
Martí, pero fue en todo
momento superior al ambiente
igualador. No cantaba superioridad
alguna y se miraba inferior al
general adiestrado y al guerrero
trajinado. Reconózcanle estatura y
no ejercitaba imposición
sobre cabezas. Quería ganarse al
hombre por el cariño.
Y se lo ganó definitivamente. Al
hombre de la revolución de 1895 y al
hombre de todos los
tiempos. Llevamos muchas noches
de lectura de su epistolario de
campana. Martí no ha puesto
atadura a su espíritu. Se leen y
se releen estas cartas profundas. La
evocación es clara: "Yo
escribo en mi hamaca, a la luz de
una vela de cera, sujeta junto a mis
rodillas por una pila
clavada en tierra". Escribe para
alentar al cubano que necesita
activo la Revolución y sin el cuál
la independencia no podrá
conquistarse. Escribe y conmueve a
través de los años. No hay
penalidades para José Martí
cuando quiere despertar voluntades.
Le toca llevar, hasta
desembarcar en costa pedregosa y
apartadiza, el remo de proa que le
llena las manos de
ampollas. Con esas manos
sangrientas escribe. Para escribir
son sus manos, pero no las retira
de la obra del sacrificio. Apenas
se le han secado las ampollas y
mueve la pluma para animar a
la población que debe ponerse a
batallar: "Solo la luz es comparable
a mi felicidad. ¡Ah!, Si me
vieran por esos caminos contento
y bien cargado, con mi rifle al
hombro, mi machete y revolver
en la cintura, a un hombro una
cartera con cien cápsulas, al otro,
en un gran tubo, los mapas de
Cuba, y a la espalda mi mochila
con sus dos arrobas de medicinas y
ropa, y hamaca, y frazadas,
y libros". Quiere infundir una
inmensa fe. No cuenta para jactarse.
No ha perdido su conexión
con los que han quedado fuera de
Cuba atendiendo a lo material de la
Revolución. Si su palabra
no llega él desanimo cundirá. Lo
sabe Martí y en cuanto se pone "a la
sombra de un rancho de
yaguas" escribe de él que es
escribir del alma de la Revolución.
Lo han visto organizándola,
sacándosela de su entraña. Lo que
Martí diga será profecía. Y por eso
Martí escribe. Nada se le
olvida con los dolores de la
campaña. Cada epístola contiene la
admonición oportuna: "Y a otra
cosa hay que atender. A la
campaña primera española, la campaña
política para reducir la
guerra a que hemos de oponer la
habilidad enérgica adentro y Uds.
afuera la resolución ferviente
y ostentosa de ayudar, sucederá
con la ira del fracaso y el ímpetu
de la desesperación una
campaña de fuerza ruda y corta a
la que Uds. Allá han de estar
preparados. Empuje contra
empuje". Es decir, Martí tenía el
concepto cabal de la Revolución. Las
acometidas las ordenaban
otros y el era unidad obediente.
Pero ni la disputaban ni cedía el
derecho de guardar la unidad
de la Revolución. Por esa unidad
buscaba apenas acampaban lugar para
escribir. No han de
verle flaquear los que por el se
han agrupado en torno a la
Revolución. Tampoco él es de los que
flaquean. La libertad por la cual
lucha esta por sobre todos sus
afanes. Lo ha predicado con
elocuencia y con sobriedad. Por
esa libertad esta en la campaña
vestido de "pantalón y
chamarreta azul, sombrero negro y
alpargatas". Es active Marti y no
hay ocupación que no lo
llame. La guerra exige al hombre
muchas capacidades. Y Martí la
tiene, porque es lo que
Gracian llama hombre de
"universalidad de voluntad y de
entendimiento". Para preparar la
Revolución ha tenido que preparar
su vida. ¿En que no se ha
adiestrado? De todo sabe para
poder escribir, porque de sus
escritos vive en su andar de
perseguido. En campaña cura y
cuenta su experiencia así: "Y han
de saber que no han salido
habilidades nuevas y que a cada
momento a la pluma, o dejo el
taburete y el corte de palma en que
escribo para adivinarle a un
doliente la maluquera porque da
piedad o causalidad se me han
juntado en el bagaje más
remedios que ropa, y no para mi
que no estuve mas sano nunca. Y ello
es que tengo incierto, y
ya me han ganado ni poco de
reputación, sin mas que saber como
está hecho el cuerpo humano
y haber traído conmigo el milagro
del yodo. Y el cariño que es otro
milagro". Para luchar por la
libertad abarco su vida un
horizonte infinite. No estuvo
esperando puesto ni se dio el de
mayor
honor o el de ninguna
responsabilidad. Todos los puestos
estuvieron vacantes mientras el
luchaba. Porque para todos los
puestos tuvo universalidad de
voluntad y de entendimiento. La
unidad de la lucha sólo él la
comprendía en su sentido profundo.
De ahí que se aplique a la
variedad de los oficios. Cura al
herido y al enfermo con acierto
salvándole hombres a la
Revolución. Detalles que pasan
inadvertidos para quien se asigna un
solo puesto en una
empresa enorme, son familiares
para el que fue la empresa misma.
¿Quién salvara al que cae
en la campaña? Y en la campaña
atropellada para poderla realizar
sin darle tiempo al colindador
de que la malogre. Martí será el
médico para muchas maluqueras. La
imprevisión no hará de él
nunca juguete. Por esto su obra
tiene majestad.
Es majestuoso Martí en todos los
detalles de su obra. En estos que
nos va revelando su corto
mes de campaña por los campos de
Cuba hay profundidad. El Martí
guerrero es el que más
perfiles de arcángel tiene. Luz,
luz hacia adelante y hacia atrás,
luz por todos los rumbos. De su
corazón brota la luz que ilumina
aquella lucha sangrienta por la
libertad de un pueblo. Ninguna
de las atracciones abismales lo
hace sucumbir. Martí es superior a
todas las fuerzas satánicas.
La Revolución es su alma misma y
sin embargo la Revolución no lo
empequeñece. Le da sentido
y trata de matarle lo que haya en
ella de instinto. Hacia él van los
pensamientos de compañeros
y de subordinados. Lo exaltan
reconociéndolo creador de aquella
magna empresa. "Esta serena
afuera la noche de este día en
que no vi el sol sino cuando las
fuerzas formales quisieran oír
hablar al que, con un cariño que
en esto rechazo Hainan el
Presidente. Mi alma es sencilla. En
vez de aceptar siquiera en lo
íntimo de la conciencia soberbia,
este título con que desde mi
aparición en estos campos me
saludaron, lo pongo aparte, y ya en
publico lo rechace, y lo
rechazare oficialmente, porque ni
en mi, ni en persona alguna, se
ajustaría a las conveniencias y
condiciones recién nacidas de la
Revolución".
Alma sencilla, es decir, alma
pura. Entregado a una obra inmensa
no siente que debe hacer en
ella sino trabajar en todos los
rumbos. Ninguna pasión lo devora. Es
por eso fuerte y de
universalidad de voluntad y de
entendimiento. No quiere volverse
jefe de un pueblo. Para hacer
mejor los hombres es que lucha.
Ejemplo grande el de Martí.
Despojado de pasiones, limpio,
visionario, es como entra a la
Revolución. Y así quiere recorrerla.
Cuando otros podrían sentirse
dueños de los mayores honores el
no cree que deba aceptar otro honor
que el de luchador
honrado. Alma sencilla en una
empresa que ha sido siempre
atropello de hombres desatados.
Con sencillez desembarca y se
interna en la montaña dura. Con
sencillez carga al hombro su
morral y su rifle y transita a
pie. Con sencillez cura al enfermo y
al herido. Con sencillez rechaza
la designación de presidente. El
que tenía en sus manos todos los
resortes de la Revolución, no
quiso mover ninguno que lo
empequeñeciera. No veía en un
horizonte próximo o lejano el mando
atrapado por sus manos. Ni
siquiera atrapado por las manos de
los guerreros y puesto
sumisamente, devotamente en las
suyas. El mando como finalidad de
una lucha es cosa
miserable: Es engaño. Es codicia.
Es vanidad. Es pasión humana. Y
Martí era arcángel y estaba
limpio de fauces.
Regó su espíritu por donde fue, y
la empresa de libertad de su patria
fue la que más lo recogió
para sustentarse y perdurar. No
hizo obra quebradiza, porque no le
nació el aliento de una
entraña empobrecida. Alejado de
sus campos tuvo para ellos estudio y
amor. No recogió
miserias mientras aunaba
voluntades para la guerra.
Comprendió que una guerra no es cosa
blanda, pero supo dar siempre el
trato de justicia que los sucesos
pedían. Tiene tiempo para
todos los oficios mínimos y
grandes de la campaña. Es la voz de
la Revolución y redacta y hace
imprimir lo que esa Revolución
aspira. "La guerra debe ser
sinceramente generosa, libre de todo
acto de violencia innecesaria
contra personas y propiedades, y de
toda demostración o
indicación de odio al español".
Anda ya en plena campaña y hace
saber lo que será la guerra
para un pueblo estropeado por el
colonizador No vino a envilecer la
vida de ese pueblo.
Tampoco acobardarle. Esta
ennobleciéndosela y por eso le habla
de una guerra generosa contra
la raza que viene ejerciendo
conquista recia. Pero la lucha que
es justa para el trato con el que
quiere malograrla, es severa
contra el que la estorba y se
confabula para acabar con ella y
perpetuar la esclavitud y el
vasallaje. "Con quien ha de ser
inexorable la guerra, luego de
probarse inútilmente la tentativa
de atraerlo, es con el enemigo,
español o cubano, que preste
servicio activo contra la
Revolución. Al español neutral se le
tratara con benignidad aun cuando
no sea efectivo su servicio a la
Revolución". Culminación majestuosa
de una lucha fecunda. No
es destrucción de un mando para
sustituirlo por otro. Es obra de
creación lo que Martí concibe y
realiza. No la separa de sus
manos, no la deja a distancia del
calor de su corazón. Mientras
ambula fuera de Cuba concibe con
visión la empresa. Cuando llega a
suelo cubano se trae esa
obra y por ella batalla hasta
morir atravesado por las balas de un
combate duro.
Evocación fina trae al espíritu
devoto la lectura del epistolario de
campaña de Martí. Devoción
por el prócer, que es decir
devoción por el hombre que crea
patrias para asiento de pueblos
dignos y decorosos. Martí es
grande, es un arcángel este José
Martí. Destruirlo seria acabar con
un guía supremo de la América
nuestra. Cuando vemos como lucha un
pueblo oprimido por
fuerzas de brutalidad y
exterminio, cuando vemos como lucha
el pueblo cubano contra la tiranía
del machadato, comprendemos que
Martí esta inspirando la lucha. Por
Martí crecen en la
rebeldía las generaciones
cubanas. A Martí lo acatan y hacen
de su obra la luz que es exterminio
de males. Cobijémonos bajo Martí
y continuemos sus luchas. Apenas han
empezado. Cambiaron
de amo los imperios, pero
imperios brutales son siempre. En el
aniversario de la muerte del
arcángel José Martí renovemos
nuestra fe en su visión y en su
sabiduría.
Palabras
Ulises Delgado Aguilera
Discurso leído en la ciudad de
Orotina, el 27 de septiembre de
1945, al develarse el busto de
José Martí (En "Repertorio
Americano", 1946, (13): 200 - 205,16
de Febrero).
Ulises Delgado Aguilera, en 1946
preparó su folleto La Patria es ara
y no-pedestal, en
conmemoración del cincuentenario
de la muerte de Martí. Fue visitador
escolar en Orotina y San
Mateo durante los años de 1941 al
1944, publicó Maceo en Costa Rica
(1969); director de
escuela en Santa Cruz,
Guanacaste.
En nombre de la honorable
Corporación Municipal y de mis
distinguidos compañeros de Comité,
brindo a todos un cordial saludo
y al mismo tiempo agradezco la
destacada presencia en este
acto del excelentísimo presidente
de la República; excelentismo Sr.
representante de la hermana
República de Cuba; Excelentísimos
señores secretario de Fomento,
Educación y subsecretario
de Seguridad; gobernador de la
Provincia; Sr. profesor Joaquín
García Monge, editor del
"Repertorio Americano"; Altas
autoridades docentes; jóvenes
estudiantes de segunda
enseñanza, escolares y pueblo en
general. Vuestra presencia da al
grandioso homenaje que la
ciudad de Orotina eleva al máximo
exponente de la liberación cubana,
José Martí, solemnidad y
lucidez inigualada.
Al descubrir en esta mañana el
mármol cincelado por el arte para
ornar este pintoresco valle de
nuestra patria, se realiza un
acto trascendental y significativo
en la historia costarricense.
Vengo en este momento a rendir el
tribute de mis palabras al hombre
excepcional, al literato
revolucionario, al poeta sincero,
al orador maravilloso, al hombre
tierno y sonoro, grande y bueno
que despertó mi espíritu con las
armonías de su joyante prosa, con
los trinos melodiosos de su
exquisita poesía, con el amor
inextinguible por la libertad y la
belleza. Vengo como sacerdote
que debe oficiar ante el altar;
sagrado de todos los americanos en
el cual esta expuesto, en
santidad de democracia perenne,
el apóstol Martí. Aquí está ese
altar cívico en que habremos de
oficiar a diario todos los
costarricenses. Está aquí para
gloria de la ciudad de Orotina en
particular y de Costa Rica en
general. El ha venido en vuelo
directo de la Cuba de sus amores en
gira panamericana de bien común,
tal como su espíritu generoso lo
sintió muy hondo, cuando
romero por los caminos del
sacrificio y del dolor, iba inmenso
Quijote libertario, camino del
ideal.
¿Su bagaje? Un libro, un arpa y
un fusil: así emprendió su vía
crucis actuando como maestro,
cantando como poeta y haciendo
huir a los menguados forjadores de
cadenas, al grito de
libertad o de muerte.
Acercarse a los grandes hombres
no es fácil tarea. Es como acercarse
a las grandes montanas o
a los grandes abismos; subyugan y
atraen... Es que ellos son él centra
de una periferia dilatada y
vasta, que todo lo acercan a la
manera de los torbellinos: Causando
estruendo; y a veces ese
torbellino es como el caso de
José Marti, trueno permanente que
indica en los cielos de América,
como sus hermanos Bolívar, San
Martín y Roosevelt, el camino de los
derechos del hombre.
Martí pertenece a la legión de
los colosos y no todos pueden sentir
el orgullo de poseerlos. Es
una personalidad continental que
debe concebirse siempre en alto
porque enaltece al que lo
evoca. Su palabra es síntesis de
magnificencia y tiene vibración de
alas y firmeza de raíces.
Cuando hablo, su palabra se
proyectó en los siglos, sus sueños
llenaron de potencialidad su
espíritu. La memoria de Martí es
para la juventud un sanatorio
espiritual; pronunciar el nombre
de este forjador de cantos de
nuestro bello idioma, es decir genio
y arte. Por eso se ha
considerado el gran
hispanoamericano que volando en alas
de la fama, es el príncipe de las
letras castellanas. El artista
maravilloso del ritmo de la frase
del verbo empieza hoy a conocerse
dentro de la trayectoria sublime
de los grandes hombres del
continente. Las trompetas y
tambores del patriotismo
americano lo aclaman; las flautas y
los pífanos del saber y del arte
resuenan victoriosamente. La obra
variada y gigantesca, profunda y
bella del inmortal vate
cubano quedó desconocida en el
mundo al morir acribillado en la
batalla de Dos Ríos.
Hoy, su cabeza esta hueca, sus
labios están mudos, su mano esta
deshecha, el apóstol y el
mártir reposa para siempre en la
almohada eterna y en el inmortal
silencio, pero nuestros
pensamientos llegaran como flores
de gloria a despertarlo. Serán
pétalos sutiles que
depositaremos sobre su tumba y
sobre el mutismo del mármol. Pocos
son los que tienen un
recuerdo siquiera para el alto y
poderoso príncipe de la belleza que
sabía cuando en palacios de
ensueño vagaba su mente, encerrar
en la joya repujada del verso o de
la prosa, la infinita
dulzura de su alma. Su
personalidad individualista, estuvo
lejos de toda secta y de toda regla:
fue
ácrata en el que acciona y
reacciona el genio, desciende de sí
mismo, en todas sus
manifestaciones.
El ideario de Martí, esta basado
en el humanismo profundo. Considero
a los hombres, hermanos
sin distinción de nacionalidad ni
razas; hizo causa común con los
oprimidos, contó siempre con
el apoyo del campesino, del
obrero, del indio y del negro.
Maestro en la más alta acepción de
la
palabra, no solo instruía en las
ramas del saber humano con claridad,
con sencillez, amenidad,
despertando en sus discípulos el
interés por el estudio; se preocupó
siempre por formar
ciudadanos bajo los auspicios de
la libertad, de la concordia y de la
dignidad moral. Es el
verdadero exponente de la cultura
del pueblo cubano y el genio
libertador de la hermosa Perla
del Caribe. El gran visionario
del futuro de los países americanos
vivió para Amerita, a quién el
llamó nuestra madre América. Fue
el creador, el organizador del gran
Partido Revolucionario que
dio a Cuba la libertad, sacándola
de la esclavitud en que vivía. El
solemne manifestó de
Montecristi definió en 1895, la
República nueva, basada en la
libertad del pensamiento, en la
equidad y en la independencia
política.
En sus viajes por América cultivo
gran admiración, dando a conocer en
sus importantes escritos
el amor a Cuba, a su Cuba de él y
de todos: a su Cuba tan cara a la
unidad continental. Al visitar
Martí la tierra del Libertador,
ve la angosta sombra de Bolívar y
exclama: El poema bolivariano
esta incompleto, yo quiero
escribir su ultima estrofa. Cuando
comenta "El canto del esclavo",
dice: si entre los cubanos vivos
no hay tropa para el honor, ¿qué
hacen en la playa los caracoles
que no llaman a la guerra a los
indios muertos? ¿Qué hacen los
montes que no juntan sus faldas
para cerrar el paso a los que
persiguen a los héroes? ¿Qué hacen
las palmas que gimen
estériles en vez de mandar? En
todos los casos, la Patria salía por
sus labios a relucir altiva y
llorosa, como una tórtola
gemidora que abriga a un tendor
bravío... En el áspero huerto, nació
el,
lino perfumador.
Sí señores: éste es José Martí,
el lirio perfumador que vino a lucir
y aromar y tuvo que
transformarse en estruendo para
morir como héroe en el altar de su
patria.
Esta efigie que ahora ha venido a
quedarse para siempre entre nosotros
y que habremos de
ponerle por pedestal, el amor de
nuestros corazones, requiere ese
cariño y esa devoción y no
será el costarricense de suyo
acogedor y estimador de todo lo
noble y grande, quién desoiga ese
imperativo, porque si nuestros
corazones no lo hicieran, lo harían
las cumbres andinas a gritos
de tormento. Orotina tiene desde
esta hora sublime, espejo de
libertades y ara de sacrificios;
camino de apostolado que fue a su
vez camino de muerte en la más
grande abnegación por la
libertad. El será así altar de
sus oficios cívicos en donde habrán
de oficiar maestros poetas y
héroes en magnífico Sinaí de
redención continua.
Este es José Martí, el héroe
cubano y de América toda: es cumbre
y epopeya, que ha venido a
sentarse en la llanura, bañada
por el sol tropical, como índice
señalador; este el más grande
compendio de todo lo noble y de
todo lo heroico, de todo lo
desinteresado y de todo lo sublime.
También de todo lo humilde, hasta
estrujar su cerebro de poeta en afán
de volverse todo corazón
en aras de la libertad. ¡Salve,
apóstol máximo! ¡Salve maestro! A mi
patria y esta libre ciudad de
Orotina, sed bienvenido. Todos
nuestros corazones de hombres
libres, serán a ti por pedestal.
En nombre del pueblo de Orotina,
abandono a la contemplación de los
presentes, la efigie del
gran Maestro de maestros, paladín
máximo de la causa libertaria
cubana, el gran prócer José
Martí, y lego a las generaciones
futuras en el duro y frió mármol de
que está hecho, el recuerdo
de su imagen y de sus virtudes.
En el centenario de Martí
Carlos Luis Sáenz
En: "Adelante", del 31 de enero
de 1953, y reproducido por Francisco
Zúñiga en su Carlos Sáenz
escritor, educador y
revolucionario. (Ediciones Zúñiga y
Cabal) San José p. 467-468.
Carlos Luis Sáenz (1899-1983),
nació en Heredia. Hizo en esa ciudad
estudios de primera y
segunda enseñanza. Fue discípulo
de Brenes Mesén, García Monge y Omar
Dengo en la
Escuela Normal. Se dedico a la
labor docente como maestro, profesor
y director. Fue candidato
a la presidencia de la República
por el Partido Vanguardia Popular.
Escribió: teatro, poesía y
ensayo. Junto a Carmen Lira se le
considera de los valores más altos
de la literatura para niños.
Premio Nacional de Cultura Magón
1966.
De ejemplo ha de servir la vida
de José Martí; de estimulo, el culto
a su memoria; de inspiración,
el conocimiento de su obra; de
riguroso examen ante nuestras
conciencias, su herencia de
luchador por la dignidad de
nuestras patrias, de las que
escribió: "No hay patria en que
pueda
tener el hombre mas orgullo que
en nuestras dolorosas republicas
americanas".
José Martí es ejemplo en el amor
a la justicia y a la libertad; en el
amor a la patria que hemos de
querer y hacer libre y soberana;
en el amor y en la fe sin desmayos
en el hombre; en el amor a la
poesía sincera, militante,
cargada de mensaje creador; en la
practica del amor a la mujer; en el
amor a la amistad y a la familia,
vivido siempre en estricto ajuste al
cumplimiento del deber
superior.
Dijo de la libertad:
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombre:
la esclavitud de los hombre
es la gran pena del mundo !
Así vivió y así expresó la pasión
por la justicia:
Con los pobres de la tierra
Quiero yo mi suerte echar:
¡el arroyo de la sierra
me conmueve mas que el mar!.
De la patria, su amada Cuba, ¿qué
no dijo de su patria? ¿Qué no hizo
por verla libre, por tenerla
sin amos? ; he aquí su grito
profético, su testamento de
patriota:
Yo quiero, cuando me muera
sin patria, pero sin amo,
tener en mi tumba un ramo
de flores, ¡y una bandera!
Alguna vez un gran pintor, para
modelo de un dios, le pide al hijo.
Martí escribe entonces:
¡Para eso no! Para ir
patria, a servirte los dos.
¡Hijo, por la luz natal!
¡Hijo, por el pabellón!
¡Vamos, pues, hijo viril;
vamos los dos, si yo muero
me besas; Si tu....!prefiero
verte muerto, a verte vil ¡
En sus Versos sencillos y Libres,
en sus discursos encendidos al
pueblo, en sus maravillosas
páginas dedicadas a los niños de
América, volcó todo su patriotismo,
su odio y condena a las
tiranías, su amor a Cuba, su
indignación contra pedantes y
apostatas, y su corazón enamorado
de la naturaleza, del bien, de la
belleza y su sentimiento afirmativo
en el integral progreso
humano y su fe en la patria
mejor, redimida por sus hijos para
libertad, en nuestra América,
"Madre América" así la nombra, y
en un mundo mejor en que la
fraternidad de hombre y pueblos
y la paz sean los frutos logrados
de la justicia entre los hombre y
del respeto a la dignidad
inherente a pueblos y hombres.
Cumplió, como el mejor, sus
deberes familiares: culto fue su
amor a la madre y al padre,
humildes; a la dulce hermana; a
la esposa y al hijo, su Ismaelillo.
¡Y con qué nobleza vivió la
amistad! ¡Y el amor! ¡Mujer amada
por Martí fue coronada de inmortal
luz!
Hay que conocer su vida para
admirarlo, para hacerlo nuestro,
para aceptar con orgullo
americano su noble herencia de
lucha. He aquí un resumen de su
vida: nace en La Habana (28
de enero de 1853); sus padres, de
la clase media. Se desenvuelve su
niñez en la efervescencia
de la revolución de los patriotas
cubanos. En su adolescencia tiene el
ejemplo excelente de su
maestro, Rafael María Mendive,
que le señala la ruta del decoro. Ya
a los 16 años merece, por
amor a Cuba, la pena de muerte,
decretada por una corte de
militarotes. Va a la prisión, con
grillo al pie y cadena a la
cintura, a la prisión de la tiranía
opresora. Se le conmuta la pena y es
expatriado a España. En España no
pierde el tiempo ni el honor:
estudia en las universidades de
Madrid y Zaragoza. Se gradúa de
licenciado en Derecho Canónico y
Civil, de licenciado en
Filosofía y Letras. No va a
exhibir su saber creador en salones
de lujo, ni menos a venderlo a los
opresores de la Isla; su saber es
arma para seguir luchando por la
libertad de su pueblo. Vuelve
a Cuba y sigue la lucha; de nuevo
es expatriado. Vive en México, en
Guatemala; viaja por
Venezuela, por Costa Rica; viaja
buscando medios y uniendo
voluntarios para sacar a Cuba
libre. Vive en los Estados
Unidos. Allí no reposa un solo
instante: se gana la vida
escribiendo,
llevando cuentas comerciales,
dando lecciones y ¿en qué hora del
día y de la noche no?,
Sirviendo a la causa de la
libertad de su patria. En Nueva York
y en Cayo Hueso no hay reunión
de patriotas cubanos exiliados en
donde no este presente Martí, con su
verbo de libertad y de
entusiasmo. ¡La revolución
libertadora no se ha perdido! ¡Los
fracasos han de servir de lección!
¿Qué se unan todos los cubanos
dignos y Cuba será libre? Junta
voluntarios, reúne dineros,
prepara los planes de la
revolución! Vigila la obra de la
libertad: ¡libertad a Cuba no es
hacerla
cambiar de amo, no!
Y cuando los envidiosos o los
menguados le echan en cara que saca
a la manigua a pelear a
sus compatriotas y que el se
queda muy seguro en los clubes de
Nueva York, se desespera,
rechaza el cargo de cobarde, se
va a la manigua, rifle al hombro,
pecho a pecho con Antonio
Maceo y casi no ha tocado el
suelo cubano cuando en una
emboscada, la tropa española lo
mata de tres tiros. ¡Así vivió y
así murió José Martí!.
La obra poética de José Martí
Raúl Cordero Amador
(En Rep. Amer.—Colaboración).
Raúl Cordero Amador. Nació en
Curridabat el 28 de enero de 1896.
En 1921 viajó a México
donde ejerció la docencia desde
maestro hasta catedrático
universitario y entre sus alumnos
habría quienes serían ministros,
diplomáticos y presidentes de
México. Autor de numerosas
obras, dedicadas a discurrir
acerca la vida y obra de escritores
como Martí, Vasconcelps,
Tagore, Gabriela Mistral, etc.
Conferencista en Argentina,
Checoslovaquia, Italia, España,
Estados Unidos y Chile.
Para el Maestro don Joaquín
García Monge, quien me señaló el
camino hacia Martí.
PRESENCIA CONSTANTE DEL POETA
—Por breve, fecunda y brillante, fue
la de José Martí
una vida extraordinaria. Sus
dotes personales, morales e
intelectuales, debieron ejercer
honda
sugestión y atractivo en cuantos
le trataron. Sin él, quizá la obra
de la Independencia de Cuba y
la renovaci6n literaria de
Hispanoamérica, de fines del siglo
XLX no hubieran pasado de intentos.
Pero José Martí es de aquellos
escogidos, de aquellos predestinados
que supieron agotar en
breves días —si corto
deslumbramiento luminoso— toda la
energía destinada a luengos y
monótonos años; Imposible
consagrar palabras para que realicen
su arte, sin mirar a su vida, a
su espíritu. Todo es en el
producto de una misma fuerza vital.
Todo se relaciona y une de
manera así, que no hay términos a
exaltar bastante lo homogéneo de la
obra, ni la sinceridad
desgarrada con que vertió
inquietudes, tan fácilmente
conocidas por suyas en sus
discursos, en
sus artículos y en sus poemas.
A José Martí, le conocemos y le
recordamos siempre, como el Ap6stol
de la Libertad, como el
orador eficaz y como el héroe
cubano. Pero lo que solemos olvidar,
es que en toda su vida y en
toda su obra, está presente el
poeta. Su apostolado limpio y
fervoroso, su oratoria brillante y
musical y su muerte gloriosa y
heroica, no son sino consecuencias
del creador y del profeta que
en el existían.
Quizás la fama del héroe haya
perjudicado a la del poeta.
El artista esta siempre presente
cuando dice sus discursos. Quienes
lo oyeron no pudieron
olvidarlo. "Hablaba con voz
suave, extrañamente musical, que no
tenía el sonido de una fanfarria
guerrera en el campo de batalla,
sino la armonía deliciosa de un
quinteto de Cesar Franck.
Lograba despertar idolatría, y
siendo orador de estilo elevado,
esencial y profundamente literario,
quintaesenciado y frecuentemente
oscuro, era tal el tono, el calor y
la fuerza de la palabra, que
arrebataba a quienes no podían
apreciar en análisis exacto el
merito extraordinario de sus
párrafos".
He aquí un fragmento del discurso
a Bolívar, pronunciado el 28 de
octubre de 1893:
"Con la frente contrita de los
americanos que no han podido entrar
aún en América; con el
sereno conocimiento del puesto y
valer reales del gran caraqueño en
la obra espontánea y
múltiple de la emancipación
americana; con el asombro y
reverencia de quien ve aún ante si,
demandándole la cuota, a aquel
que fue como el samán de sus
llanuras, en la pompa y
generosidad, y como los ríos que
caen atormentados de las cumbres, y
como los peñascos que
vienen ardiendo, con luz y
fragor, de las entrañas de la
tierra, traigo el homenaje infeliz
de mis
palabras, menos profundo y
elocuente que el de mi silencio, al
que desclavo del Cuzco el
gonfalón de Pizarro.
"Su ardor fue el de nuestra
redención, su lenguaje fue el de
nuestra naturaleza, su cúspide fue
la
de nuestro Continente; su caída
para el corazón".
No es fácil encontrar en las
manifestaciones de la oratoria
española, un pasaje de tan alto
valor
poético, por el esplendor de las
imágenes, por la fecunda fantasía,
por la belleza de la forma y
por la riqueza lexicología, como
el que acabo de titán Un discurso de
Martí es siempre una
verdadera obra de arte. El orador
compone las cláusulas de sus
discursos como un poeta, en la
feliz exactitud de las palabras y
las ideas. En él, como afirma
acertadamente Andrés Iduarte: "La
inspiración nunca mató el sentido
de la armonía".
LO POÉTICO EN EL APÓSTOL . Martí
realizó una vida de apóstol, plena
de caridad y
entusiasmo con el ejemplo y la
palabra. Dice sus profecías y
definiciones de manera poética,
delicada, peculiar, con la fuerza
característica del creador.
"El egoísmo es la mancha del
mundo y el desinterés su sol".
"En este mundo no hay mas que una
raza inferior; la de los que
consultan antes que todo su
propio interés, bien sea el de su
vanidad o el de su soberbia o el de
su peculio; no hay mas que
una raza superior: la de los que
consultan antes que todo, el interés
humano".
"Un orador brilla por lo que
habla, pero definitivamente queda
por lo que hace. Si no sustenta
con sus actos sus frases, aun
antes de morir viene a tierra,
porque ha estado de pie sobre
columnas de humo".
"Sin sonrisa de mujer, no hay
gloria completa del hombre".
"La honra puede ser mancillada,
la justicia puede ser vendida, todo
puede ser desgarra-do, pero
la noción del bien flota sobre
todo y no naufraga".
Las afirmaciones martianas
perduran no-solo por la esencia del
contenido, sino por la luz que
dejan en la mente y el frescor en
el corazón.
Por la dulzura del vocablo, no os
parece escuchar el fugitivo trino de
cenzontles, cuando el
apóstol dice:
"Cuando nací, la naturaleza me
dijo: ¡Ama! y mi corazón dijo:
¡Agradece! Y desde entonces yo
amo a bueno y a malo, hago
religión de la lealtad y abrazo a
cuantos me hacen bien".
"Un poeta es una lira puesta al
viento donde el universo canta". "La
música es el hombre
escapado de si mismo".
"Una mujer sin ternura, ¿qué es
sino un vaso de carne, aunque lo
hubiese moldeado Cellini,
repleto de veneno? así un día
dejan de amar los hombre a la mujer
a quién quisieron
entrañablemente, cuando un acto
claro e inspirado les revela que en
aquella alma no existe la
dulzura y superioridad con que la
invistió su fantasía".
"Una mujer buena es un perpetuo
arcoiris".
"Poesía es un pedazo de nuestras
entrañas, o el aroma del espíritu
recogido como en cáliz de
flor, por manos delicadas y
piadosas".
Todos estos pensamientos, por su
fragante brevedad, son pétalos de
flores que arrastra una
corriente cristalina, dejando un
olor a mirto y una estela de luz.
EL POETA EN SUS CARTAS. —Las
cartas de Martí, tienen la gracia de
un conversador ameno.
Escribía a sus familiares y
amigos, lo mismo que si estuviese
hablando con ellos. "Lo que me lo
revelo un hombre, todo un hombre,
y un maravillosos escritor, fueron
sobre todo sus cartas",
afirma Miguel de Unamuno. Martí
escribía cartas en las que las
imágenes florecían bajo su
pluma como en sus labios; el
corazón se le derramaba tras de las
palabras.
El epistolario martiano se conoce
en gran parte gracias a Félix
Lizaso, quien afirma que la carta
es el chorro de claridad lanzado
afuera, que permite, desandando su
propio camino, un atisbo
del fuego vivo que la produjo.
Así es la verdad. En esta carta a
Gabriel Zendequí, se confirma el
aserto:
"Mi querido Gabriel: Si los
vientos han sido leales, te habrán
llevado una amorosa carta mía. Te
la debo especialmente, y te la he
pagado muchas veces. Si el
pensamiento no va a la pluma,
sino al aire, es porque no gusta
de manos, sino de alas. Esta carta
te la lleva un arrogante poeta
que es mi amigo, y ha sabido
obligarme. Con decirte su nombre, té
esta presentado: José Pérez
Bonalde, cuyo merito crece con
los días. Tú sabrás que él ha
vertido en rico molde castellano la
acre esencia de Heine, y ha hecho
un poema al Niagara relampagueante y
robusto, y otras
cosas más que irás sabiendo.
Tiene especialmente de bueno, que es
poeta como tú, en versos y
en otras. —J. Martí".
No resisto el deseo de reproducir
el final de su carta —testamento
literario— a Gonzalo de
Quesada:
"No quisiera levantar la mano del
papel, como si tuviera la de usted
en las mías, pero acabo de
miedo decaer en la tentación de
poner en palabras cosas que no caben
en ellas.
Su José Martí"
A su amigo de México, don Manuel
Mercado, escribe muchas cartas. Una
de sus últimas, fue
escrita precisamente a don Manuel
Mercado, el 18 de mayo de 1895, en
Campamento de Dos
Ríos. Poco antes de alzar su
vuelo hacia el templo de la gloria.
La delicadeza del poeta se revela
en esta carta escrita a Carlos
Mantilla:
"Es muy grande mi felicidad: sin
ilusión alguna de mis sentidos ni
pensamiento excesivo en mi
propio, ni alegría egoísta y
pueril, puedo decir que llegue al
fin a mi plena naturaleza; y que el
honor que en mis paisanos veo, en
la naturaleza a que nuestro valor
nos da derecho, me
embriago de dicha, con dulce
embriaguez. Solo la luz es
comparable a mi felicidad".
En la carta que escribe cuando el
siente que esta a punto de morir y
en la que alcanza grandeza
humana y poética, es en la que
escribe a su madre.
Hela aquí:
"Madre mía: Hoy, 25 de marzo, en
vísperas de un largo viaje, estoy
pensando en usted. Yo sin
cesar pienso en usted. Usted se
duele, en la cólera de su amor, del
sacrificio de mi vida; y ¿por
qué nací de usted con una vida
que ama el sacrificio? Palabras, no
puedo. El deber de un
hombre esta allí donde es más
útil. Pero conmigo va siempre, en mi
creciente y necesaria
agonía, el recuerdo de mi madre".
El estilo epistolar de Martí es
un espectáculo maravilloso, un caso
único de energía espiritual y
una manifestación poética de
altura.
LA LÍRICA MARTIANA. —Martí no fue
un zurcidor de versos; su perfección
esta en la idea, en la
exquisitez, en la emoción
delicada, en los múltiples matices
de sus poemas. La poesía martiana
tiene un fuerte aliento y
sensibilidad honda y fina. Si existe
el poeta en la prosa —sendero de luz
hacia el amor fraternal— es mas
fácil aún encontrarlo en sus versos,
cuando hace crecer la rosa
blanca y contempla las estrellas
que iluminan y matan.
La obra lírica de Martí esta
contenida en sus Versos Libres, en
el Ismaelillo, publicado en 1882,
en los Versos Sencillos,
publicados en 1891, y en algunos
poemas que publico en las páginas de
esa revista única La Edad de Oro.
"El primer problema —no meramente
exterior— dice Chacón y Calvo, que
presentan estos
versos es un problema de
clasificación ¿qué forma artística
supone? ¿Qué fue Marti? El
problema halla su solución única
en él estudios de la fuente, de la
firmísima personalidad del
poeta. Pesa el sobre sus versos
mas que las formulas, mas que las
escuelas, mas que todas las
poéticas".
La noble vida de Martí cruza el
mundo cargado de aromas únicos.
"Para hacer poesía hermosa,
no hay como volver los ojos
fuera: a la naturaleza y dentro del
alma". "Lo que importa en una
poesía es sentir, parézcase o no
a lo que haya sentido otro; y lo que
se siente nuevamente es
nuevo". "El verso, hijo de la
emoción, ha de ser fino y profundo".
"Quién es el ignorante que
mantiene que la poesía no es
indispensable a los pueblos? Hay
gentes de tan corta vista mental
que creen que todo fruto se acaba
en la cáscara. El genio poético es
como las golondrinas; posa
donde hay calor". "Pulir es
bueno, mas dentro de la mente y
antes de sacar el verso al labio".
"Ni
en el pulimento esta la bondad
del verso; si no en que nazca ya
alado y sonriente".
En distintos escritos de Martí
encontramos estos conceptos y otros
mas sobre la poesía lírica
que constituyen en realidad las
normas de la poética martiana.
En su libro Versos Libres, como
su nombre lo indica, aparecen poemas
sin consonancia y las
mas de las veces rebeldía llega
hasta la métrica. Son los versos
escritos en la época bullente de
su juventud en que despertaban en
su alma los sentimientos rebeldes
contra el despotismo que
imperaba en su patria. Son versos
airados, a veces estridentes. El
mismo lo dice en Estrofa
Nueva:
poesía son y estrofa alada, y
grito
que ni en tercetos ni en octava
estrecha
ni en remilgados serventesios
caben.
¡Vaciad un monte; en tajo de sol
vivo
tallad un plectro; o de la mar
brillante
el seno rojo y nacarado, el molde
de la triunfante estofa nueva
sea!
YUGO Y ESTRELLA
Cuando nací, sin sol, mi madre
dijo:
"Flor de mi seno. Homagno
generoso,
de mí y de la Creación suma y
reflejo
pez que en ave y corcel y hombre
se torna,
mira estas dos, que con dolor te
brindo,
Insignias de la vida; Ve y
escoge.
Este, es un yugo; quien lo
acepta, goza.
Hace de manso buey, y como presta
servicio a los señores, duerme en
paja
caliente, y tiene rica y ancha
avena.
Esta, oh misterio que de mí
naciste
cual la cumbre nació de la
montaña,
esta, que alumbra y mata, es una
estrella.
Como que riega luz, los
Pescadores
huyen de quien la lleva, y en la
vida,
cual un monstruo de crímenes
cargado,
todo el que lleva luz se queda
solo.
—Dame el yugo, oh mi madre, de
manera
que puesto en el de pie, luz en
mi frente
mejor la estrella que ilumina y
mata.
Este poema compendia la vida de
Martí y es toda una profecía. La
estrella lo mato pero acabo
con el yugo.
"Noche de Mayo" es una muestra de
la calidad del iniciador del
Modernismo, ese movimiento de
reacción contra el desaliento
poético y contra el pseudo
clasicismo del siglo XVIII, al lado
de
Manuel Gutiérrez Najera y de José
Asunción Silva:
Con un astro la tierra se
ilumina;
con el perfume de una flor se
llenan
los ámbitos inmensos. Como vaga,
misteriosa envoltura, una luz
tenue
naturaleza encubre, y una imagen
misma del linde en que se acaba
brota
entre el humano batallar.
¡Silencio!
¡En el calor, oscuridad!
¡Enciende
el Sol al pueblo bullicioso y
brilla
la blanca luz de luna! Y en los
ojos
la imagen va, porque si fuera
buscan
del vaso herido la admirable
esencia,
en haz de aromas a los ojos
surge;
¡Y si al peso del párpado
obedecen,
como flor que al plegar las alas
pliega
consigo su perfume, en el solemne
templo interior como lamento
triste
la pálida figura se levanta!
¡Divino oficio! El Universo
entero,
su forma sin perder, cobra la
forma
de la mujer amada, y el esposo
ausente, el cielo póstumo adivina
por el casto dolor purificado.
"Estos son mis versos. Son como
son. A nadie los pedía prestados.
Mientras no puede encerrar
integras mis visiones en una
forma adecuada a ellas, deje volar
mis visiones, ¡oh cuanto áureo
amigo que ya nunca ha vuelto!
Pero la poesía tiene su honradez, y
yo he querido siempre ser
honrado. Recortar versos, también
sé, pero no quiero. Así como cada
hombre tienen su
fisonomía, cada inspiración
tienen su lenguaje. Amó las
sonoridades difíciles, el verso
escultórico, vibrante como la
porcelana, volador como un ave,
ardiente y arrollador como una
lengua de lava. El verso ha de
ser como una lengua de lava. El
verso ha de ser como una
espada reluciente, que deje a los
espectadores la memoria de un
guerrero que va camino al
cielo, y al envainarla en el sol,
se rompe en alas".
Los Versos Libres de José Martí
son versos sajados en su propia
carne y escritos con su propia
sangre, por modestia los dejó
inéditos, siendo seguramente los
primeros que escribió.
Adentrémonos ahora en el
Ismaelillo, minúsculo devocionario
lírico, abundante en juegos
poéticos. Ahora el personaje
homérico no tiene casco, ni clava,
sino rizos de niño rubio entre sus
manos poéticas.
Para un príncipe enano
se hace esta fiesta,
Tienen guedejas rubias,
blandas guedejas;
por sobre el hombre blanco
luengas le cuelgan.
Sus dos ojos parecen
estrellas negras:
vuelan, brillan, palpitan,
relampaguean!
Ternuras dichas al oído del hijo
con trino de ave y murmullo de
aljibe. El padre sueña
tempestades; pero siempre aparece
ante él la imagen dulce del niño en
una realidad pura y
emocionante.
Por las mañanas
mi pequeñuelo
me despertaba
con un gran beso.
Puesto a horcajadas
sobre mi pecho
bridas forjaba
con mis cabellos.
Ebrio él de gozo, de gozo
yo ebrio,
me espoleaba
mi caballero:
¡qué suave espuela
sus dos pies frescos!
¡Cómo reía
mi jinetuelo!
Y yo besaba
sus pies pequeños,
dos pies que caben
en solo un beso.
Hijo, en tu busca
cruzo los mares:
las olas buenas
a ti me traen:
los aires frescos
limpian mis carnes
de los gusanos
de las ciudades;
pero voy triste
porque en los mares
por nadie puedo
verter mi sangre...
El poeta canta con orgullo santo
en música de acentos graves:
La desdentada envidia
ira, secas las fauces,
hambrienta, por desiertos
y calcinados valles,
royéndose las mondas
escuálidas falanges;
vestido ira de oro
el diablo formidable,
en el cansado puno
quebrada la tajante;
vistiendo con sus lágrimas
irá, y con voces grandes
de duelo, la Hermosura
su inútil arreaje:
y yo en el agua fresca
de algún arroyo amable
bañare sonriendo
mis hilillos de sangre...
¡Venga mi caballero,
caballero del aire!
¡Véngase mi desnudo
guerrero de alas, de ave,
y echemos por la vía
que va a ese arroyo amable,
y con sus aguas frescas
bañe mi hilo de sangre!
¡Caballeruelo mío!
¡Batallador volante!
¡Cómo maneja Martí la elipsis,
pero enfatiza bellamente el lenguaje
de estos versos, se hace
flecha de cristal que rasga el
aire tibio y suave!
En la dedicatoria de Ismaelillo
encontramos a Martí hablando, vivo y
sincero, tierno y altivo:
"Hijo, espantado de todo, me
refugio en ti. Tengo fe en el
mejoramiento humano, en la vida
futura, en la utilidad de la
virtud, y en ti".
"Si alguien te dice que estas
páginas se parecen a otras páginas,
dile que te amo demasiado
para profanarte así. Tal como
aquí té pinto, tal te han visto mis
ojos. Con esos arreos de gala te
me has aparecido. Cuando he
cesado de verte en esa forma, he
cesado de pintarte. Esos
riachuelos han pasado por mi
corazón. ¡Lleguen al tuyo¡".
Martí ha dicho: "Un grano de
poesía sazona un siglo". La vida y
la obra de Martí quedan
sazonadas con este minúsculo
breviario de honda y verdadera gran
poesía.
Hemos llegado a lo mejor de la
fiesta, a los Versos Sencillos,
dedicados a don Manuel Mercado,
de México, y a Enrique
Estrazúlas, de Uruguay; estos versos
llevan un prologo de su propio
autor en el cual explica este el
momento psicológico en que los
escribió.
Martí amó la sencillez, puso el
oro de su sentimiento en esas formas
lianas y breves. En medio
de la agonía del poeta, aparece
la imagen del hijo, ya un
adolescente.
Para modelo de un dios
el pintor lo envió a pedir:
¡para eso no! ¡para ir,
Patria, a servirte los dos!
Bien estará en la pintura
el hijo que amó y bendigo:
mejor en la ceja oscura,
cara a cara al enemigo!
Vamos, a pues, hijo viril:
vamos los dos: si yo muero,
me besas; si tú... ¡prefiero
verte muerto a verte vil!
Los Versos Sencillos expresan
mejor la intimidad de la lírica
martiana. Encontramos
composiciones brevísimas que
reúnen en armonía perfecta las
cualidades propias del gran lírico;
como ejemplo de estos poemas
tenemos:
Yo quiero salir del mundo
por la puerta natural:
en un carro de hojas verdes
y morir me han de llevar.
No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor:
¡yo soy bueno, y como bueno
moriré de cara al Sol!
Se de un pintor atrevido
que sale a pintar contento
sobre la tela del viento
y la espuma del olvido.
Yo quiero, cuando me muera,
sin patria pero sin amo,
tener en mi losa un ramo
de flores ¡y una bandera!
Martí esperaba la muerte con una
sonrisa y en su presentimiento
encontramos una concepción
cósmica y pagana.
La obra poética, hágase o no en
verso, posee un elemento sutil e
inseparable de la verdadera
poesía. Ese elemento o calidad,
es el mensaje del poeta, con la
ráfaga celeste que afirma Juan
Marinello: es lana de la época,
que los hombres vulgares la viven y
que los hombres como José
Martí la proyectan hacia los
nuevos días.
México, 2 de abril de 1952.
Americanismo de José Martí
Emma Gamboa
Ponencia presentada al XXXIII
Congreso Internacional de
Americanistas.., San José, 20-27
julio
de 1958.
Emma Gamboa 1901-1972, nace en
San Ramón provincia de Alajuela,
realiza estudios en la
Escuela Normal de Heredia. Viaja
a los Estados Unidos donde continúa
sus estudios. Dedico
toda su vida a la enseñanza;
desde el Kindergarten hasta las
aulas universitarias. Declarada
Benemérita de la Patria. Su obra
escrita se mueve entre lo literatura
infantil y el ensayo filosófico
pasando por la poesía.
José Martí se bautiza en la fe de
la libertad cuando su genial fervor
adolescente abrasa las
paginas del periódico juvenil
"Patria Libre". El cautiverio que le
hacen padecer en las canteras
acendra su vocación y arma su
amor "en el decoro del hombre y la
viril fiereza de quién no se
tiene por varón mientras haya en
la tierra una criatura mermada o
humillada" (Martí 1946,1:
2060).
Encadenado bajo sol candente,
bebe leche bíblica y se templa en
fuego de rebeldía. Así inicia su
penetración en las raíces del
hombre y su sabiduría para allegarse
cálidamente a las almas,
levantar legiones denodadas y
crear fuerzas vencedoras con las
virtudes de la justicia.
El credo de Martí surge
primeramente del convivio de la
escuela que alienta sus prime-ras
inclinaciones y se extiende y
universaliza cuando comienza su
andar por tierras de América.
Su entrega a la causa de la
independencia de Cuba se nutre de
una ansia mayor por la plenitud
digna y libre de los hombre y los
pueblos. En toda tierra que pisa se
identifica con las penas y las
esperanzas de los buenos y deja
que le crezca a lo mas hondo un
sentimiento poderoso de
ciudadanía americana "De América
soy hijo: A ella me debo... a su
revelación, sacudimiento y
fundación urgente me consagro"
(Lizaso 1930,1: 72).
La lucha por Cuba es la anécdota
histórica en que la filosofía
martiana se testimonia y patentiza.
En todo suelo en que Martí
detiene su planta apostólica, capta
los problemas, destaca las
grandezas y aquilata los valores,
pero es en Cuba donde abona la
tierra con su sangre para
consagrarla a la libertad de la
que fue un santo guerrero.
Pocas veces se encuentra esta
clase de santidad que llamea bajo la
exaltación de un ideal
esclarecido y se trasmuta en
faena del diario batallar. José
Martí abarca el continente en su
vasto trabajo y cava al mismo
tiempo en lo cercano hasta sacar el
diamante de cada alma que
encuentra. Y encuentra millares
de voluntades porque la ciencia suya
es enaltecer, unir,
alumbrar, purificar. Él puede
decir: todo hombre es mi hermano.
Con este evangelio penetrado y
vivo Martí se da a forjar hombres
para crear la fortaleza de la
libertad, tal como corresponde a su
generación y a su tiempo. Tiempo
que el estremece con pasión sagrada
y que abre una tarea no
todavía enteramente cumplida.
Cuando en todo el hemisferio, sin
que falte una isla en un rincón
de selva campee la libertad
decorosa trabajada por Martí,
entonces habrá culminado su obra. Él
hace labor de cientos de hombres
preparando los elementos que pueden
constituir una
democracia fundada en la
inteligencia, la hermandad y la
justicia; un modo de vivir y de
gobernar
sin discriminaciones odiosas de
posición, de credo, de raza o de
fortuna. Un hombre nuevo en
un continente nuevo que posee la
tierra justa, la bondad, la
ilustración y la consecuente
libertad;
un hombre que hace tierna la
simiente del espíritu cuando se
encallece su mano en el contacto
amante y fecundo con la
naturaleza: un hombre amigo de los
hombre. Martí expresa su fe
vehemente por
"...la libertad humanitaria y
expansiva, no local, ni de raza, ni
de secta, que fue a nuestras
repúblicas en su hora de flor...;
Libertad que no tendrá, acaso,
asiento mas amplio en pueblo
alguno, —¡pusiera en mis labios
el porvenir el fuego que marca!— que
el que se le prepara en
nuestras tierras sin limites para
el esfuerzo honrado, la solicitud
leal y la amistad sincera de los
hombres" (Martí, 1946,1:100-101).
No viene la libertad como un
regalo: es una actitud, una manera
de ser, de vivir y de compartir,
una educación y una conquista.
Hay que cultivar hombres, hacer real
lo potencialmente bueno,
fortalecer las raíces sanas y
nutrir con lo inspirador, fuerte y
puro. Es una tarea de maestro para
un continente llamado a
convertirse en casa de la concordia
y del bienestar humanos. Martí es
ese maestro. Él enseña con la
riqueza de espíritu que construyen
juntos los sembradores, los
obreros, los poetas, los héroes.
Incansable escribe día y noche para
todos los americanos. Cada
sentimiento generoso es por el
exaltado; a cada acto honrado
pondera; a cada momento de
grandeza señala. Interpreta,
clarifica y expone todas las
excelsitudes dispersas de la América
para sembrar simientes de virtud,
de honradez, de trabajo, de
sobriedad, de verdad
desentrenada del estudio, de
acción noble y valerosa y de decoro
"que vale mas que la
hacienda" (Lizaso, 1930:110).
Martí habla de la América entera,
la muestra de tronco indio e injerto
latino y la del norte,
compendio de pueblos y razas. El
no busca lo que separa y divide sino
lo que acerca y hermana.
Crítica lo que hay que enderezar
pero como cumple a varón de recta
justicia. Mira sin pasión a
los Estados Unidos y marca lo que
conviene ver con celo y apreciar sin
mezquindad. De los
norteamericanos dice a Bartolomé
Mitre: "No cabe de unas cuantas
plumadas pretenciosas dar
juicio cabal de una nación en que
se han dado cita, al reclame de la
libertad, como todos los
hombres, todos los problemas. Ni
ante espectáculos magníficos, y
contrapeso saludable de
influencias libres, y
resurrecciones del derecho humano,
aquí mismo a veces alentado, cumple
a
un veedor fiel cerrar los ojos,
ni a un decidor leal decir menos de
las maravillas que esta viendo.
Hoy sobre todo, en que en ciertas
comarcas de nuestra América en que
arraigó España más
hondamente que en otras, se
capitanea, bajo bandera literaria y
amor poético de la tradición, una
mala empresa devuelta a los
estancados tiempos viejos, urge
sacar a la luz con todas sus
magnificencias, y poner a relieve
con todas sus fuerzas, esta
espléndida lidia de nombres"
(Lizaso, 1930:90-91).
Hay que criticar, hay que sacar
el gusano para que prospere la fruta
y venga buena la simiente.
Critica Martí con justedad y pone
la saeta donde hay que curar. Nada
que sea vil su honestidad
acepta, nada que doblegue,
encadene o menosprecie. A esto la
guerra fiera y santa: al tirano, al
amo de hombre, o a cualquier
clase de indigno adueñamiento. Pero
busca también Martí los
méritos que son la médula de un
pueblo y los hace brillar como al
oro el artífice que lo muestra
pulido. Repite para nuestro
tiempo la tarea de Plutarco en el
suyo. Emerson, el que "toma puesto
familiarmente a la mesa de los
héroes" (Martí, 1946,1:1171), es
para el "un Dante amoroso que
vivió sobre la tierra más que en
ella porque la vio con toda holgura
y certidumbre, y escribió
Biblia humana". El
trascendentalismo purificado y
universalista de Emerson respeta,
aunque el,
Martí, se forja una filosofía del
vivir en que el hombre de la
muchedumbre ocupa un puesto como
en la sinfonía poética de
Whitman.
Del transparente espíritu que fue
Alcott expresa: "¿De dónde sino del
trabajo y de la vida natural
habría de venir hombre tan puro?"
(Ibdem).
Del magnánimo Washington siente
que "es un monte sin zarzas ni
cuevas, de virtudes mas
limpias que el cielo" (Ibdem, p.
1274).
De Henry Ward Beecher piensa que
"su pueblo, que es la mejor casa de
la libertad, se reflejo en
él”. Beecher le fortalece la fe
en la libertad que "lleva a una
religión universal y gozosa" (Ibdem
1:1072)
Conmueve la apología que dedica a
Peter Cooper: "Amó, fundó, consoló,
practicó el evangelio
humano. Puso dignidad en la vida
y gloria en su pueblo. Lloraba de
oír llorar a un niño pero
echaba a andar por las selvas la
primera locomotora que cruzo con
éxito las tierras de América"
(Ibdem, p. 1073). Con la figura
de Peter Cooper, que "comenzó con
pies descalzos" graba el
carácter de un típico prohombre
norteamericano.
¿Y cómo puede evitar el elogio de
Wendell Phillips, aquel "hierro
ardiente" que clamo contra la
esclavitud entre los primeros y
que prefirió romper su título de
abogado "antes que jurar lealtad a
la Constitución que parecía
prohijar el vil derecho de los amos
de los esclavos?" (Ibdem, p.
1079). Phillips pertenecía a la
"raza de hombre radiantes,
atormentados e ígneos", de la que
Martí es ejemplo preclaro. Corona
de gloria le cine el apóstol cubano
al que "tuvo ya en los
labios puesta la copa de los
goces y la dejó caer sonriendo y
echo a andar del brazo de los
tristes" (Ibdem p. 1084).
A Grant le santifica su casucha
gacha de madera y tejas. A este
Grant, nacido de la áspera
sencillez, que llega a la
heroicidad en el momento de la
prueba mayor, le critica el gobierno
sin
orden y sin celo estricto; pero
le cine el laurel porque fue capaz
de grandeza en la lucha
gigantesca por la libertad y
clarificó sus virtudes en la
cercanía de la muerte. Aún más, dice
Martí
de Rawlins, aquel "árbol hecho de
valor y justicia" que quería el
triunfo de la verdad aunque
nadie supiese que había triunfado
por el". Y es como camarada
admirador del colosal Walt
Whitman el "hombre padre, nervudo
y angélico" (Ibdem p, 1103) que ama
a los héroes y a los
pecadores, a los bueyes y a la
hoja de césped. Suena Martí que se
edifica una morada nueva,
cuando aquel viejo Apolo blanco
que era Whitman dice su oración para
Abraham Lincoln. "Los
criados a lecha latina, académica
o francesa, no podrían entender,
acaso, aquella gracia heroica.
La vida sana y decorosa del
hombre en un continente nuevo ha
creado una filosofía sana y
robusta que esta saliendo al
mundo en épodos atléticos". "A la
mayor suma de hombre libres y
trabajadores corresponde una
poesía de conjunto, tranquilizadora
y solemne". Queda Martí
penetrado de Whitman cuando este
se retrata, como hombre y poeta
ecuménico:
"¡Penetra el sol la tierra hasta
que toda ella sea luz clara y dulce
como mi sangre! Yo canto la
eternidad de la existencia, la
dicha de nuestra vida y la hermosura
implacable del universo.
Yo uso zapato de becerro y bastón
hecho de una rama de arbola" (Ibdem,
p. 1142).
"Tratase, —comenta Martí—, de
escribir los libros sagrados de un
pueblo que reúne, al caer del
mundo antiguo, todas las fuerzas
vírgenes de la libertad a las urbes
y pompas ciclópeas de la
salvaje naturaleza; tratase de
reflejar en palabras el ruido de las
muchedumbres que se asientan
en las ciudades y de los mares
domados y de los ríos esclavos"
(Ibdem, p. 1143).
Entre los grandes reverencia a
Lincoln, "el leñador de ojos
piadosos, erguido entre el polvo y
el
estruendo que levantan al caer
las cadenas de un millón de hombres
emancipados (Martí,
1946,11:93).
El desfile de varones, humanos y
como trasfigurados, que pasan por
las páginas de Martí dan
una visión iluminadora para la
juventud americana. Pero esta visión
se hace más alta para elevar
espíritus y prender fe enérgica
cuando se vuelve hacia la América
bolivariana. "¿Qué pasa de
pronto que el mundo se para a
oír, a maravillarse, a venerar?
Libres se declaran los pueblos
todos de América a la vez".
Bolívar preside la avalancha
inquebrantable de redención. "Hombre
solar, cabalgando en carrera
frenética... sobre caballo de fuego,
asido del rayo, sembrando
naciones" (Ibdem II: 31)
"De Bolívar se puede hablar con
una montaña por tribuna, o entre
relámpagos y rayos, o con un
manojo de pueblos libres en el
puño y la tiranía descabezada a los
pies" (Ibdem II: 72).
Por todo el continente resuena el
clamor de la libertad. Con Bolívar
surge una pléyade de
próceres y con ellos van las
huestes de indios venezolanos,
indios de México, rotos de Chile y
cholos del Perú, negros y
gauchos, pehuenches y Araucos. Solo
un héroe puede sentir el ardor
de los héroes y expresarlo con
pasión concentrada de una legión de
pueblos. Martí es el potente
interprete de los dolores y
glorias de América. Usa su verbo
para sembrar fuerzas gigantes que
mueven a una plenitud de empresa
ferviente. No habla como iluminado
de profecía sino como
iluminado de convicción y
voluntad; es un maestro labrador que
hace la siembra, lucha contra los
poderes destructores y cuida la
cosecha del porvenir.
Ve la solución para la América de
dolor y esperanza en la libertad de
toda opresión y en una
cultura de calibre recio,
auténticamente americana; una
cultura creadora, construida sobre
la
base de los elementos nativos. El
mismo denuedo que pone en la
conquista de la libertad
consagra al trabajo de la
cultura. Su definición es clara.
Corresponde descubrir y desarrollar
la
riqueza potencial y superior de
estos pueblos, levantar una juventud
emprendedora y laborar con
razón y ciencia en las cosas de
todos. Martí cree en la juventud
americana.
"El pensamiento empieza a ser de
América. Los jóvenes de América se
ponen la camisa al codo,
hunden las manos en la masa y la
levantan con la levadura de su
sudor. Entienden que se imita
demasiado y que la salvación esta
en crear. Crear es la palabra de
esta generación. El vino de
plátano, y si sale agrio, es
nuestro vino" (Ibdem II: 110).
El americanismo de Martí es una
tesis de fe en la acción de cada
hombre para construir una
democracia para todos con el
esfuerzo de todos. Este americanismo
nació como una voz de
aliento y de pujanza en la hora
necesaria de lucha por la autonomía
de las repúblicas
latinoamericanas; pero no es una
cerrada tesis continentalista. No
hay fronteras de espíritu para
la fraternidad ecuménica en el
evangelio martiano. La dignidad que
él quiere en cada hijo de su
Cuba y en cada hombre de su
América, es la clase de dignidad que
identifica al hombre con su
próximo en cualquier parte de la
tierra. A sus compatriotas dirige
aquel discurso conocido con el
nombre con todos y para el bien
de todos:
"...si en las cosas de mi patria
me fuera dado preferir un bien a
todos los demás, un bien
fundamental que de todos fuera
base y principio, ese seria el bien
que yo prefiriera: yo quiero
que la ley primera de nuestras
repúblicas sea el culto de los
cubanos a la dignidad del hombre.
En la mejilla ha de sentir todo
hombre verdadero el golpe que recibe
cualquier mejilla de hombre"
(Ibdem II: 1698).
La patria de Martí esta donde los
hombres padecen. Sobre la raíz
sembrada en su isla por la que
da vida y muerte se yergue su
árbol de justicia con ramazón tan
crecida y perenne que cobija a
los americanos, y a todos los que
luchan por el decoro del hombre.
Los frutos de este árbol van
madurando lentamente porque
necesitan que el sol de la libertad
no
tenga sombras en tierra alguna.
Su estilo (el de la prosa que
habla o el de prosa que escribe) es
a veces rápido como el de fray
Luis o el de santa Teresa,
andante si se quiere (¡ved sus
cartas!); a las veces cortado,
profundo,
novedoso como el de Saavedra
Fajardo y Gracian. Con algo de Hugo
y mucho de Gauthier. Más
propiamente: con mucho de Plinio
el joven, en el elogio feliz del
gran Trajano. Nadie como él
entre nosotros —acaso si, alguna
vez, Montalvo— ha poseído el genio
de la lengua española:
José Martí se evoca único por el
secreto extrahumano que mantiene,
por la alegría verbal que
esparce y la serenidad cuya
expresión da de sí ese equilibrio
que conlleva. Si no tiene la gracia,
sociabilidad y fuerza que
distinguen los textos clásicos
franceses, por ejemplo, sí la
selección,
sobriedad y armonía de un artista
verdadero; un artista que, para
orgullo de la América, es un
creador viviente de lo que
podrimos llamar la sensibilidad de
los pueblos de la Romania; la única
que subsistirá en nosotros a lo
fútil, a lo efímero, a lo pasadero,
—a lo estrecho y mezquino del
lenguaje humano. Eso no quita que
haya en él "verbos viejos, adjetivos
inéditos, construcción
barroca" como dice Mañach, y se
noten por maravilla
descoyuntamientos sintácticos,
reversamiento, conceptismo
formal, poca propiedad en las
acepciones, que las hacen según sea
confusas, embrolladas y oscuras.
Pero su estilo es en general
perspicuo: el prototipo de un casto
modernismo superior al de aquel
ultramoderno del siglo que lleno en
su tiempo el amanecer de
la Republica española y que fue
sin duda el mas alto orador de la
Madre Patria: Don Emilio
Castelar. Sí más oscuro en su
sentido esotérico, muy superior por
su belleza, por su sencillez y
por su espontaneidad, a pesar de
todo.
Verbo-motor, en su fondo se
contiene todo: la amenidad migosa de
la idea, la penetración
incisiva, la inteligente
sencillez del decir, la clara
noticia de todo. Todo con
certidumbre
impecable, con desbordante
espontaneidad. Se encarece la
meditación en la sustancia firme de
la forma, la sed mística de lo
absoluto en sus pensamientos, y se
adivina, se palpa, se ve, la
frase exacta en el periodo:
periodo capaz de mover a entusiasmo
al más sensible como al mas
pensador. Su fuerza llega al
espíritu con premura de milagro. Y
no se pierde para ello el orden
lógico de su concepción, ni su
fuerza en su íntimo subjetivismo.
¿Cómo?... Otea y reduce,
deslinda y concierne, reparte e
ilustra las palabras con despejado
arreglo. ¿Intuitivo y
espontáneo? ¿Don natural o don
gratuito? No: querido y deliberado;
don natural. Oís como en la
frase anima el giro que sobrepasa
la intención, la alteza de miras, el
fondo aprovechado, la
aristocracia verbal. Aristocracia
más estilista que hablista, en el
moviente comercio de la
metáfora; pero sin retórica ni
convencionalismos coercitivos. Y
basta un pique para ponerlo
active; y active,, la victoria es
segura indiscutible, completa. Esa
como nota de ardimiento y
primor que es lazo de unión del
orador y el oyente que, por uno como
delirio o transportamiento
divino, lleva a quién lo escucha
a admirar, surge llanamente, sin
tropiezo ni arrepentimiento.
Brota la palabra en sus labios, y
vuelca al punto un estremecimiento
que pone en su resolución
mil matices sutiles, un
resplandor; uno como ignoto
escalofrió, una fuerza desconocida
que lo
señala eminente y que atrae con
imán irresistible. Y no bien se
inicia su discurso, cae sobre el
oyente un eclesiástico
recogimiento, como si el alma se
zampuzase en la maravilla interior
de las
ideas y saliese nueva y distinta.
La frase, el tono y el instante: el
ambiente interior y el clima
espiritual: todo bien acordado. Y
enmarcando eso: el fácil ademán sin
misterios ni
rebuscamientos, "el ritmo de sus
manos, las modulaciones de su voz,
el relampagueo de la luz
de su mirada". Veis allí —en lo
hondo y escondido del alma, en lo
profundo y retirado de la
mente— el paisaje espiritual que
cuelga el cuadro. ¡Observad! Hay
algo que le insufla
personalidad, que le hace
novedoso, que le da fuerzas
distintas y fecundas y lo pone a
andar.
!Leedlo! ¿No es verdad que sentís
su elocuencia infinita, su joyante
decir? ¿Un decir hecho de
"volátil materia de ensueño"; De
algo que aletea, subyuga, estremece
el corazón como un pájaro
prisionero?
La verbosidad —ese lujo mal
entendido de desflocar la idea—; la
palabra de los oradores de
plaza publica, la voz destemplada
y elegiaca de las politicastros; La
palabra incolora y mortecina
de los prosistas rastreros, nunca
se vio en él: encontraréis siempre
el artista y el artista que se
constituye entre el limite
conocido de sus formas usadas y el
noúmeno inefable de las
representaciones. Sí a veces con
balbuceo expresivo, siempre con
verdadero refinamiento y
originalidad. Allí está su
discurso inicial de Alfredo
Torroella que termina diciendo:
..."Muerte,
muerte generosa, ¡muerte amiga!
¡Ay! ¡Nunca vengas!"; su "Bolívar",
nos revela al imaginador
(¿por qué no decirlo?: digámoslo
de una vez, sin vacilación ni
cumplimiento) más alto que
Castelar: de facultades
abstractas como Vergniand y poderes
penetrativos como Pitt. Entrena —
como dice un su apologista
refiriéndose al orador— un modo de
oratoria distinto del usual: una
elocuencia nerviosa, brillante,
difícil y embriagadora. Cabalmente
cuando pronuncio su discurso
de Alfredo Torroella en la velada
solemne del Liceo, en ese su
discurso primero ante un publico
numeroso de Cuba, Martí surge
como el verbo tribunicio más
efectivo de la Isla. Verbo que a los
veintidós años ya había
conquistado en México, con motivo de
su conferencia en el Liceo de
Hidalgo, las palabras proféticas
de un periodista que se había
aventurado a decir: "Este joven
será terrible en la plaza pública
a la hora de una conmoción popular;
podrá arrancar lágrimas al
borde de un sepulcro; será el
orador favorito de las mujeres, de
los niños y de los creyentes;
pero nunca, y esto depende de su
sistema nervioso, de su imaginación
viva y arrebatada, nunca
convencerá en un Parlamento ni se
sobrepondrá en medio de las
discusiones frías y serenas de
la ciencia". Dice Mañach —tanta y
justas veces citado—; "Había una
considerable justeza en el
diagnostico"...: "Solo que el
opinador olvidaba que Martí no-tenia
mas que veintidós años..." El
tiempo dijo la verdad y algo mas
que el sobreponerse a las
discusiones frías y serenas de la
ciencia: Dijo del orador único,
entre nosotros, y que merece las
glorias todas del recuerdo.
¡Tal es en resumen el espectáculo
en que su ALMA se mueve! ¡Tal él
prodigio espantable de su
manifestación verbal!
Que, si decimos verdad, y dejamos
de lado toda pasión que pudiera
influenciarnos, Martí es sin
duda el orador arquetipo de Cuba
y él mÁs alto de nuestras latitudes.
Uno de los más originales,
si no es él más original de
todos.
BIBLIOGRAFÍA
Lisazo, Félix
1930 Epistolario de José Martí.
Ediciones Cultural S A La Habana.
Martí, José
1946 Obras completas. 2 Vol.
Editorial Lex, La Habana.